El 11 de enero de 2026, a las 5:00 a.m. hora de la Montaña, la tensión se palpaba en el ambiente.
Las luces se atenúan. La música retumba en la arena. La multitud vibra con anticipación, una mezcla de nerviosismo y adrenalina. Cada respiración se siente más fuerte, cada segundo más pesado. Dentro de la jaula, no hay lugar para la duda. Solo latidos del corazón, instinto y el eco de todo lo que se necesitó para llegar hasta ahí. Una pelea de MMA no es solo violencia o espectáculo; es presión, disciplina y vulnerabilidad colisionando en tiempo real.
Para Leslie Hernández, este momento no es caos. Es su hogar.
