Investigaciones recientes, aún no publicadas, sugieren que el transposón LINE-1 ha jugado un papel fundamental en la evolución de los mamíferos y, en particular, de los seres humanos, y que continúa activo en nuestros genomas.
Se estima que cada individuo alberga entre decenas y cientos de copias funcionales de LINE-1. Cuando se activan, estos elementos genéticos producen ARN –las moléculas que actúan como mensajeros del ADN– y pueden influir en la expresión de otros genes. Además de replicarse a sí mismos, LINE-1 facilita la propagación de otros transposones, como Alu y SVA, a lo largo del genoma.
La actividad combinada de estos tres elementos contribuye a las variaciones genéticas individuales, algunas de las cuales pueden estar relacionadas con el desarrollo de enfermedades. En resumen, LINE-1 permanece activo en el genoma humano y continúa moldeando nuestra biología.
