Una joven de 22 años, Emma Herring, residente en Durham, Inglaterra, recibió en noviembre de 2025 un diagnóstico de linfoma de Hodgkin en etapa 4 después de meses de consultas médicas sin obtener un diagnóstico definitivo. Inicialmente, un dolor persistente en el pecho fue atribuido a la ansiedad.
El linfoma de Hodgkin es un tipo de cáncer que afecta al sistema linfático. En el caso de Emma, los exámenes revelaron un tumor de siete centímetros en el tórax, otro de cuatro centímetros en el cuello y afectación de los ganglios linfáticos.
“Sabía que algo no estaba bien”, relató Emma a la prensa británica, recordando el período previo a la confirmación de la enfermedad. Había buscado atención médica por primera vez en abril de 2025, al comenzar a experimentar dolores en el pecho. En la evaluación inicial, se le indicó que el malestar podría estar relacionado con la ansiedad.
Ante la persistencia del dolor, volvió a buscar ayuda y acudió al servicio de urgencias. Esperaba realizar un electrocardiograma, pero no se le realizó. Según el médico, el malestar podría ser resultado de una distensión muscular asociada a un ataque de pánico. A pesar de tener antecedentes de ansiedad, Emma no había experimentado ningún episodio en ese momento.
Meses después, una radiografía reveló la presencia de una masa en el tórax. Sin embargo, la hipótesis considerada fue la de neumonía, y se le recetaron antibióticos. La posibilidad de cáncer fue descartada, principalmente debido a la edad de la paciente.
Diagnóstico por teléfono
Sin mejoría y con el cuadro clínico empeorando, Emma fue derivada en noviembre al Hospital Universitario de North Durham para exámenes más detallados. La tomografía reveló la gravedad de la situación. La confirmación del linfoma de Hodgkin en etapa 4 llegó por teléfono. Emma describió el momento como el más aterrador de su vida y afirmó que recibir la noticia sin apoyo presencial hizo que el impacto fuera aún más difícil.
Debido al carácter agresivo de la enfermedad, la quimioterapia comenzó de inmediato. El plan inicial preveía cuatro ciclos, pero se amplió a seis a lo largo del tratamiento. Actualmente, la joven se encuentra en la quinta etapa.
Entre los efectos secundarios más notables, destaca la caída del cabello pocas semanas después de comenzar la quimioterapia. Otro aspecto delicado fue no haber podido realizar la congelación de óvulos antes del tratamiento, ya que la intervención debía comenzar sin demora.
Antes del diagnóstico, Emma llevaba una vida considerada saludable y celebraba logros personales, como la mudanza a su propio apartamento. Ahora, afirma sentir que la vida está “en pausa”.
Cree que el hecho de ser joven contribuyó a que se descartaran hipótesis más graves al principio. Por eso, decidió compartir su historia como una advertencia.
*Con información de Metrópoles.
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