Lonnie Bunch, secretario del Smithsonian, relata el «almuerzo más estresante de su vida» con Trump y la tensión por el futuro de la institución
Washington, 10 de marzo de 2026 — El secretario del Smithsonian, Lonnie Bunch, esperaba una confrontación política durante el almuerzo que mantuvo con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca el 28 de agosto de 2025. Nueve días antes, Trump había publicado en Truth Social que el Smithsonian estaba «fuera de control», criticando su enfoque en temas como la esclavitud y las desigualdades históricas. Sin embargo, el encuentro terminó siendo una inesperada charla sobre decoración y arquitectura, sin mención alguna a los conflictos ideológicos que amenazan la autonomía de la institución.
Según fuentes cercanas a la institución y funcionarios de la Casa Blanca, la reunión —que duró dos horas y media— se centró en detalles como los candelabros del Despacho Oval o la apariencia del edificio Eisenhower Executive Office, que Trump describió como «feo». En un momento, el presidente mostró a Bunch cuatro opciones de candelabros y, al elegir el dorado, Trump exclamó: «¡Véanlo! ¡Él está de acuerdo conmigo!». Más tarde, al preguntarle cuál era el edificio más importante de Washington, Bunch mencionó que el Eisenhower era «feísimo», lo que llevó a Trump a pedir a sus asesores que le mostraran renderizaciones del edificio pintado de blanco.
El tema que sí se esperaba abordar —la posible transferencia del transbordador espacial Discovery desde el anexo del Museo Nacional del Aire y el Espacio cerca del aeropuerto Dulles a Houston, impulsada por senadores republicanos de Texas— nunca surgió. Bunch había preparado un argumento basado en datos: millones de visitantes ven la nave en el Smithsonian, mientras que en Houston tendría un alcance limitado. Pero Trump derivó la conversación hacia una crítica al diseño de Dulles, proponiendo derribarlo y reconstruirlo con su nombre. Tras una digresión de 10 minutos, el presidente guió a Bunch hacia una visita a la Sala del Gabinete, sin volver al tema de la historia o la política.
¿Por qué este almuerzo marcó un punto de inflexión en la lucha por la independencia del Smithsonian?
Para Bunch, el encuentro fue «el almuerzo más estresante de mi vida», como confesó en una charla en UCLA en noviembre pasado. «Estaba esperando que cayera la espada de Damocles sobre mi cabeza, pero no hubo lógica en la conversación», declaró. Aunque el presidente no atacó directamente su gestión, el episodio reflejó la estrategia de Trump: presionar sin confrontación directa, mientras su administración avanza en medidas que erosionan la autonomía de la institución.

En marzo de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva exigiendo «restaurar la verdad y la cordura» a la historia estadounidense, instruyendo al vicepresidente Mike Vance —miembro del Consejo de Regentes del Smithsonian— a revertir lo que llamó «ideología divisiva». Dos meses después, intentó destituir a la directora del Museo Nacional de Retratos, Kim Sajet, en un enfrentamiento que duró dos semanas. Aunque el Smithsonian aclaró que solo Bunch podía despedir a un director, Sajet renunció días después, alegando priorizar la institución.
El conflicto escaló en agosto de 2025, cuando la administración demandó al Smithsonian documentos internos, planes de exhibiciones y textos de pared, amenazando con retener fondos si no eran entregados. En diciembre, la Casa Blanca reiteró la exigencia en una carta obtenida por The Washington Post, citando la orden ejecutiva. Bunch respondió que el cierre parcial del gobierno había retrasado su respuesta, pero ofreció reunirse para discutir el avance.
¿Cómo reaccionó el Smithsonian a las presiones políticas?
Bunch, quien dirige el Smithsonian desde 2019 —tras liderar durante 15 años el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana—, ha mantenido una postura firme: «No he permitido que se cambie nada en el Smithsonian. Los artefactos siguen ahí, las interpretaciones también», afirmó en un evento en marzo. Sin embargo, la institución ha cedido en algunos puntos bajo presión.
En julio de 2025, el Museo Nacional de Historia Americana retiró temporalmente una referencia a los dos juicios políticos contra Trump en una exhibición sobre presidentes en riesgo de destitución. La decisión, anunciada como parte de una reimaginación de la muestra, generó polémica hasta que el texto fue restaurado una semana después, tras protestas públicas. Además, el Smithsonian cerró su Oficina de Diversidad tras otra orden ejecutiva, y en mayo de 2025, Trump anunció —sin autoridad legal— el despido de Sajet, acusándola de ser una «partidista» y defensora de programas de diversidad.
Según el New York Times, el Consejo de Regentes del Smithsonian ha aprobado nominaciones para llenar vacantes en el tablero, pero el comité de la Cámara de Representantes aún no ha recibido los nombres para su revisión. Cuatro regentes cumplirán su límite de dos mandatos este año, y otros dos, renombrados para un segundo período, esperan aprobación del Congreso. Esto abre la puerta a que Trump intente instalar miembros afines a su agenda, como lo estableció su orden ejecutiva de marzo de 2025.
¿Qué significa este contexto para el futuro del Smithsonian?
El Smithsonian, fundado en 1846 y visitado anualmente por 15 millones de personas, enfrenta su mayor crisis desde la Guerra Civil, según declaró Bunch en un encuentro con historiadores en abril. «Si el Smithsonian se convierte en un lugar de historia, arte y cultura sancionado por el Estado, podríamos cerrar las puertas», advirtió.

La institución, que recibe dos tercios de su financiamiento del gobierno federal pero opera con autonomía a través de su Consejo de Regentes, ha sido blanco de críticas desde sectores conservadores. En 2020, el senador republicano Mike Lee calificó los museos dedicados a mujeres, latinos y otros grupos como una «división innecesaria» bajo el lema «separados pero iguales». Actualmente, un proyecto de ley para crear un Museo de la Historia de las Mujeres fue enmendado en comité para prohibir contenido sobre mujeres transgénero, aunque la propuesta fracasó en el pleno.
Bunch, quien creció en los años 50 y 60 en Nueva Jersey como uno de los pocos niños negros en su escuela, ha basado su carrera en un principio heredado de Princy Jenkins, un ex cuidador de una plantación de arroz en Carolina del Sur: «Un historiador debe ayudar a recordar no solo lo que la gente quiere recordar, sino lo que necesita recordar». Esta filosofía lo llevó a dirigir el Museo de Historia y Cultura Afroamericana, inaugurado en 2016 con apoyo bipartidista y visitas de Barack Obama y George W. Bush. Hoy, sin embargo, Bunch duda que pueda contar con similar respaldo republicano.
Su legado incluye haber recaudado $453 millones para el museo afroamericano y $2.500 millones para el Smithsonian en seis años. Pero la presión política ha llevado a su familia a instarle a retirarse. «Para el Smithsonian, esto es el momento más difícil desde la Guerra Civil», repitió en abril. Mientras, la institución prepara una exposición para celebrar los 250 años de EE.UU., en medio de un debate que podría definir su supervivencia como espacio de historia independiente.
En febrero, durante una visita al Museo Nacional de Historia Americana, Bunch fue abordado por visitantes que le decían «siga firme», como si el futuro de la institución dependiera de él. Un guardia de seguridad de décadas en el Smithsonian le confesó: «Me quedo mientras usted se quede».
Fuentes: Conversaciones con funcionarios de la Casa Blanca y del Smithsonian; The Atlantic, The Washington Post, The New York Times.
