Un reciente estudio publicado en la revista Scientific Reports ha demostrado que las langostas sienten dolor, desmintiendo la creencia de que sus sistemas nerviosos rudimentarios les impiden experimentar sufrimiento. La investigación, realizada por científicos de la Universidad de Gotemburgo en Suecia, analizó el comportamiento de 105 ejemplares de langosta de Noruega (Nephrops norvegicus) ante descargas eléctricas controladas.
Los expertos observaron que las langostas tratadas con analgésicos humanos como lidocaína y aspirina mostraron una disminución drástica en sus intentos de escape. Por ejemplo, en el grupo que recibió aspirina, solo tres de los 13 animales reaccionaron con el característico movimiento brusco de cola, en comparación con la respuesta masiva de los ejemplares no medicados.
Según los autores, esto confirma que las langostas poseen nocicepción, es decir, la facultad biológica de detectar estímulos dañinos y procesarlos como una experiencia dolorosa, más allá de un simple reflejo mecánico. Lynne Sneddon, profesora de zoofisiología, afirmó que “el hecho de que analgésicos desarrollados para humanos también funcionen en langostas demuestra lo similares que somos en nuestro funcionamiento”.
Los científicos alertan sobre el sistema nervioso complejo de las langostas y exigen que se prohíba hervirlas vivas, una práctica común tanto en la industria alimentaria como en muchos hogares. El estudio se suma a una creciente lista de advertencias de la comunidad científica sobre el sufrimiento de estos animales durante su preparación culinaria.
