El «looksmaxxing», una tendencia digital centrada en maximizar el atractivo físico a través de métodos extremos, está ganando terreno entre los jóvenes, especialmente en Nueva Zelanda, donde preocupa que esté empujando a los hombres hacia comportamientos peligrosos. Según informes de 1News y la Australian Broadcasting Corporation, esta práctica ha encendido las alarmas de expertos que advierten sobre los riesgos psicológicos y físicos de obsesionarse con la apariencia personal.
¿Qué es el looksmaxxing y por qué preocupa a los psicólogos?
El fenómeno, que se populariza rápidamente en redes sociales, gira en torno a la idea de mejorar el aspecto físico hasta límites poco saludables. El término «out-mogging», que forma parte de este vocabulario, se refiere a la competencia constante por superar a otros en atractivo físico, creando un entorno de comparación permanente. Según la Australian Broadcasting Corporation, los psicólogos han advertido que esta búsqueda incesante de la perfección estética puede tener efectos perjudiciales para la salud mental de los jóvenes que intentan seguir estándares inalcanzables.

Los riesgos extremos para los jóvenes
La cobertura de 1News destaca cómo este movimiento está atrayendo a hombres jóvenes en Nueva Zelanda hacia extremos peligrosos. A diferencia de las rutinas de cuidado personal convencionales, el «looksmaxxing» a menudo implica someterse a regímenes o procedimientos sin supervisión profesional. Esta presión por alcanzar un estándar de belleza específico no solo afecta la autoestima, sino que, de acuerdo con los reportes, ha llevado a muchos a adoptar prácticas que ponen en riesgo su integridad física en un intento por validar su estatus social a través de su imagen.
Una comparación de enfoques sobre la tendencia
Mientras que la Australian Broadcasting Corporation se centra en la perspectiva clínica y el impacto psicológico del fenómeno, 1News pone el foco en el contexto social y los comportamientos específicos observados en la población joven neozelandesa. Ambos medios coinciden en que la digitalización de los estándares de belleza y la cultura de la competencia visual han transformado la percepción del cuerpo, convirtiendo el atractivo físico en una obsesión que, para muchos, se ha convertido en una forma de validación diaria.
