Durante mucho tiempo, los investigadores han supuesto que varios factores, como la caza humana, la pérdida de hábitat y el cambio climático, contribuyeron a la desaparición de los mamuts durante el último período glacial. Una nueva hipótesis sorprendente e inesperada propone otro posible culpable: la rinitis alérgica. De hecho, los científicos sugieren que el aumento del polen después de la última era glacial podría haber jugado un papel en la disminución de estos grandes animales al provocar alergias que habrían afectado su supervivencia.
Cuando el clima cambia, las plantas se desarrollan… y también las alergias
Después del fin del último período glacial, hace aproximadamente 12.000 años, el clima mundial experimentó un importante calentamiento. Este cambio climático provocó una transformación radical del entorno en el que vivían los mamuts. En regiones que antes estaban cubiertas de hielo y nieve, la vegetación habría comenzado a florecer, trayendo consigo un aumento masivo del polen en el aire.
El polen, que hoy conocemos bien como desencadenante de la rinitis alérgica en los humanos, podría haber tenido un impacto en los mamuts. Según un estudio reciente, esta afluencia de polen podría haber provocado reacciones alérgicas en los mamuts, obstruyendo su nariz y limitando su capacidad para respirar libremente o para oler correctamente. Aunque sorprendente, este fenómeno podría haber tenido consecuencias mucho más graves de lo que se imagina.
Una nariz congestionada que amenaza la supervivencia
Para los mamuts, la capacidad de oler era esencial en varios niveles. Los científicos sostienen que la nariz congestionada de los mamuts podría haber afectado su capacidad para encontrar alimento, para localizar a sus parejas para reproducirse e incluso para detectar a los depredadores. Si los mamuts no podían oler correctamente su entorno, se volvían vulnerables en varios aspectos.
Los investigadores van más allá sugiriendo que el efecto del polen en su sistema respiratorio también podría haber reducido sus posibilidades de reproducirse. De hecho, en muchos mamíferos, el olfato juega un papel crucial en la reproducción, especialmente para detectar las feromonas emitidas por las posibles parejas. Si los mamuts eran incapaces de detectar estas señales, su capacidad para reproducirse se habría visto severamente reducida. Con menos nacimientos y una población envejecida, el número de mamuts habría disminuido rápidamente.
Evidencia de reacciones alérgicas en tejidos congelados
Para respaldar esta teoría, los investigadores estudiaron muestras de tejidos congelados de varios animales del período glacial, incluyendo el mamut lanudo, el rinoceronte lanudo y otras especies. En estos tejidos, descubrieron rastros de proteínas relacionadas con el sistema inmunológico similares a las que asociamos hoy en día con las reacciones alérgicas en los mamíferos modernos.
Los investigadores también encontraron rastros de plantas como Oxytropis sordida, una especie conocida por provocar alergias en muchos mamíferos actuales. Esta conexión entre la vegetación postglacial y las reacciones alérgicas de los mamíferos extintos añade peso a la idea de que las alergias, incluyendo la rinitis alérgica, podrían haber contribuido a la desaparición de los mamuts.
Sin embargo, esta nueva hipótesis no reemplaza las teorías existentes. La desaparición de los mamuts es probablemente el resultado de una combinación de factores. Además del cambio climático y el aumento del polen, otros elementos como la caza excesiva por parte de los humanos, la consanguinidad debido a la reducción de las poblaciones y la erosión de su hábitat ciertamente jugaron un papel importante en su extinción. En otras palabras, la hipótesis de la rinitis alérgica simplemente aporta un factor adicional.
Pruebas e investigaciones futuras
Para reforzar esta hipótesis detallada en la revista Earth History and Biodiversity, los investigadores esperan algún día encontrar rastros de una proteína llamada inmunoglobulina E, un indicador directo de reacciones alérgicas. Aunque esta proteína nunca ha sido descubierta en muestras fósiles, su detección podría proporcionar evidencia adicional de que los mamuts sufrían de alergias.
Las investigaciones actuales también se centran en otros aspectos, como la capacidad de los mamuts para hacer frente a las toxinas vegetales presentes en su alimentación. Además del polen, estas también podrían haber debilitado a los mamuts y haber hecho que su supervivencia fuera aún más difícil en un entorno en rápida mutación.
