La portadora de la llama María Luisa Garatti, abogada de Brescia de 57 años y afectada por esclerosis múltiple, encontró en el deporte, específicamente en el atletismo y las maratones paralímpicas, una vía para reaccionar y superar su condición. El pasado 17 de enero, Garatti llevó la llama olímpica a Iseo (Brescia), convirtiéndose en un símbolo nacional de resiliencia, renacimiento y derecho a la participación. Queríamos conocer su experiencia y su perspectiva en este día inaugural de los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026.
María Luisa, su historia es un claro ejemplo de superación personal. Su reciente experiencia como portadora de la llama la ha convertido en un símbolo italiano de resiliencia y derecho a la participación. ¿Podría hablarnos de ello?
Nunca me he sentido un símbolo. Soy simplemente una mujer que ha tenido que aprender a vivir con un cambio profundo, a menudo doloroso y silencioso. La llama que llevé no representaba un logro deportivo, sino una historia humana, veinte años de vida reconstruida paso a paso. La esclerosis múltiple no fue un evento aislado, sino una transformación continua que ha afectado mi cuerpo, mi tiempo, mis proyectos y mi forma de ver el mundo. Llevar la llama fue una forma de visibilizar todo ese proceso. Si esta imagen tiene hoy un valor simbólico, espero que transmita un mensaje sencillo: la fragilidad no disminuye la dignidad, la enfermedad no borra la identidad y la discapacidad no elimina el derecho a existir. La participación no es un privilegio, sino un derecho humano fundamental.
¿Cómo influye su experiencia personal y profesional en su visión de los Juegos Paralímpicos como herramienta para combatir el capacitismo?
Cuando pienso en los Juegos Paralímpicos, no solo veo una competición deportiva, sino una poderosa plataforma para cambiar la percepción colectiva de las personas con discapacidad. El capacitismo, como he aprendido por experiencia propia, no surge solo de las barreras arquitectónicas o de la falta de servicios, sino de las palabras que usamos, las imágenes que elegimos y las historias que contamos. Durante demasiado tiempo, las personas con discapacidad han sido invisibilizadas o representadas como héroes extraordinarios, alejados de la realidad cotidiana. Ambas narrativas son erróneas, ya que eliminan la normalidad y la complejidad de la vida. Los Juegos Paralímpicos tienen la capacidad de revertir esta perspectiva, mostrando cuerpos diversos que compiten, entrenan y se preparan con dedicación, sin necesidad de espectacularizar su condición. En ese momento, la visibilidad se vuelve real y concreta, no simbólica. Es un mensaje poderoso: la diversidad no es una excepción ni un límite, sino una parte integral de nuestra sociedad. Como abogada, veo la misma lógica: el derecho no se limita a la accesibilidad o la protección material, sino que también implica educación cultural y un cambio en la percepción social. Mostrar, contar y dar espacio real significa construir un nuevo imaginario en el que el capacitismo no encuentre terreno fértil.
El 6 de marzo es una fecha significativa para usted, ya que es el cumpleaños de su madre y también el día en que comenzaron los primeros síntomas de su enfermedad en 2006. Este año coincide con el inicio de los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026. ¿Cómo vive este día?
El 6 de marzo es un día cargado de una increíble densidad emocional. Recuerdo claramente el año 2006, el momento en que mi cuerpo comenzó a enviarme señales que no comprendía, señales que meses después recibieron un nombre: esclerosis múltiple. Fue como si mi vida entrara en un territorio desconocido, donde la seguridad cotidiana se desvanecía y el futuro se volvía incierto. Al mismo tiempo, esa fecha es el cumpleaños de mi madre, quien ha sido un referente constante, un ancla en los momentos en que me sentía más vulnerable. Y hoy coincide con el inicio de los Juegos Paralímpicos, un evento que pone en el centro a atletas con discapacidad y muestra al mundo que los límites no definen quiénes somos. Esta superposición de significados me conmueve profundamente. El 6 de marzo ya no es solo el día del miedo o la enfermedad, sino también el día de la conciencia, la fuerza construida con el tiempo y la persona en la que me he convertido. Representa la fragilidad y la resiliencia, la memoria y el futuro, el dolor y la gratitud. Los Juegos Paralímpicos cuentan una historia similar: cuerpos y talentos que conviven con las dificultades, sin ser reducidos a símbolos, sino celebrando la posibilidad de expresarse plenamente en su complejidad.
¿Qué significa para usted que el deporte haya cambiado su vida? ¿Cree que los Juegos Paralímpicos pueden dar testimonio de este papel del deporte en la vida de muchos atletas?
Después del diagnóstico, el cuerpo deja de ser un aliado. Se vuelve extraño, frágil e impredecible. Te sientes traicionada por tus propias manos, tus piernas, tu respiración. El deporte fue el medio a través del cual pude recuperar esa alianza. No fue un simple entrenamiento, sino un proceso de reconstrucción, un camino para reconectar con mi cuerpo, escucharlo y respetarlo sin miedo. Me enseñó que los límites no son una condena, sino una forma diferente de posibilidad, y que la fuerza no se mide en la invencibilidad, sino en la conciencia. Los Juegos Paralímpicos representan esta transformación a escala colectiva. Atletas que enfrentan entrenamientos, dolores y desafíos físicos y mentales cada día, muestran al mundo que un cuerpo con discapacidad no es menos capaz ni menos valioso. La competición se convierte en un testimonio de resiliencia cotidiana, no de heroísmo extraordinario. Y este mensaje, transmitido a millones de espectadores a través de las miles de historias que se entrelazan en los Juegos, tiene el poder de modificar el imaginario colectivo, demostrando que la diversidad no es una barrera, sino un recurso.
En su vida ha logrado combinar su rol de atleta con el de abogada, ambos portadores de valores. ¿Cómo pueden emerger estos mismos valores de los Juegos Paralímpicos?
El deporte es un lenguaje concreto de valores: respeto, responsabilidad, reglas, cooperación e inclusión. Como atleta, los vivo en el cuerpo, en las manos que sostienen el equipo, en las piernas que impulsan y en los ojos que observan al oponente. Como abogada, busco traducir estos mismos valores en herramientas concretas: políticas, leyes y derechos que garanticen que todos puedan participar plenamente en la vida. Los Juegos Paralímpicos muestran estos valores a nivel global: la equidad regulada, la competencia que premia el mérito, la colaboración y la responsabilidad individual dentro del equipo. Es el mismo principio que debería guiar a la sociedad: crear las condiciones para que cada persona pueda expresar sus capacidades sin barreras invisibles. Para mí, el deporte y el derecho hablan el mismo idioma: la dignidad de la persona. Mi lucha es cultural, antes que profesional: cambiar la mirada, modificar el imaginario colectivo y afirmar que la diversidad no es un límite, sino parte de nuestra normalidad.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los atletas paralímpicos que hoy comienzan su aventura en los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026?
Les diría que vivan los Juegos Paralímpicos como un espacio de libertad, no como una prueba en la que deban encarnar un símbolo. Que sigan siendo, ante todo, personas, con sus sueños, sus emociones y su complejidad. Que puedan saborear la alegría de la competición, sentir la fatiga del entrenamiento y la emoción del desafío sin el peso de las expectativas ajenas. Su vida va más allá de la medalla. Los Juegos Paralímpicos son un momento trascendental, un evento único que atrae la atención y las miradas de todo el mundo, pero no definen su identidad. La dignidad no se mide en el podio, sino en la forma en que eligen vivir cada día, con respeto hacia sí mismos y con el coraje de expresar lo que son. Cada atleta que entra en el campo lleva consigo una historia, un camino y una fuerza invisible: que los Juegos Paralímpicos sean el escenario en el que esta fuerza pueda ser mostrada sin tener que transformarla en un símbolo.
