Compartimos aquí algunas resoluciones que, como profesionales del marketing, podríamos adoptar para ser más eficaces, sentirnos más orgullosos de nuestro trabajo y asegurar su perdurabilidad.
Economía de palabras
El marketing de 2026 no se definirá por encontrar las mejores palabras, sino por la capacidad de eliminar las innecesarias.
Hoy, el marketing podría estar evolucionando hacia el arte de suprimir las palabras que ya no tienen sentido.
Durante mucho tiempo, el marketing se ha definido, entre otras cosas, como el arte de encontrar las palabras adecuadas. Actualmente, quizás se esté transformando en el arte de eliminar aquellas que ya no cumplen su función… especialmente las relacionadas con promesas vacías.
Quand le marketing surfe sur la pluie et le beau temps
Esta resolución resuena con una célebre cita de Antoine de Saint-Exupéry: “La perfección se alcanza no cuando ya no hay nada que añadir, sino cuando no hay nada que quitar.” Es hora de dejar atrás términos como “sostenible”, “responsable”, “único” o “definitivo”.
Credibilidad
En un mundo saturado de promesas, la credibilidad se basa fundamentalmente en la demostración y la evidencia factual. Implica abrir las puertas y mostrar el proceso, en lugar de simplemente contar la historia.
La credibilidad ya no se construye con una campaña, sino con la constancia en los compromisos y la repetición de los hechos.
El marketing demuestra su valía cuando acepta auditorías, certificaciones rigurosas y opiniones no controladas. La credibilidad florece cuando la marca renuncia al control exclusivo de la narrativa.
En definitiva, la credibilidad no reside en una campaña aislada, sino en la continuidad de los compromisos y la reiteración de los mismos hechos. Se podría preguntar a Michel Drucker sobre este tema…
La credibilidad también se puede fortalecer a través de la medición. El eslogan “Probably the best beer in the world” de la cerveza danesa Carlsberg se ha convertido en un clásico precisamente porque la marca no se erige como una autoridad, sino que deja espacio para el juicio del consumidor, lo que paradójicamente la hace más creíble.
Examiner le nouveau parcours client, une stratégie marketing plus adaptée à l’air du temps ?
Coraje
Nuestra comunicación podría mostrar lo que no es perfecto y explicar, por ejemplo, que un producto no es “100% sostenible”. La marca Patagonia comunica abiertamente que la fabricación contamina, que la entrega contamina y que incluso un producto “responsable” tiene un impacto.
Un marketing valiente renuncia a ciertas promesas, reconoce la complejidad y prefiere decir: “Aún no lo sabemos”… Aprende a decir “en transición”, “parcialmente”, “todavía no”. ¿Se escucharon estas palabras en el Salón del Automóvil de 2026?
Un marketing valiente a menudo resulta incómodo para la empresa. Obliga a documentar, a ralentizar.
Un marketing valiente asume el riesgo de decepcionar a algunos, de perder oportunidades y de recibir críticas. Construye una relación en lugar de una audiencia. Un marketing valiente a menudo resulta incómodo para la empresa, ya que exige documentación y un ritmo más pausado.
Prudencia
Paradójicamente… ¿y si tuviéramos el coraje de hablar de prudencia?
Esta prudencia en el marketing se traduce en sustituir las promesas por hechos. Pasamos de “bueno para el planeta” a “32% de agua en este producto, calculado sobre esta base”.
La prudencia en el marketing implica fechar, cuantificar y citar las fuentes.
La prudencia en el marketing implica fechar, cuantificar y citar las fuentes, porque un hecho es prudente. ¡La promesa, en cambio, es arriesgada!
Da… aún más y ante todo
Finalmente, nuestro marketing en 2026 podría ser más generoso… No en el sentido de distribuir indiscriminadamente muestras y regalos publicitarios, sino porque proporciona una emoción, participa en la narración de una historia agradable de escuchar, creando menos urgencia artificial y menos presión.
Quand le marketing surfe sur la pluie et le beau temps
A menos que haya pasado las fiestas navideñas en un planeta sin conexión, seguramente habrá visto el cortometraje publicitario de Intermarché, emitido como anuncio navideño, en torno a una fábula conmovedora que representa a un lobo incomprendido que aprende a cocinar verduras para ser aceptado por los demás animales. En lugar de una promesa de promoción, ofrece una emoción a través de una historia humana que toca profundamente.
Al ofrecer primero emociones y significado (antes de pensar en el ticket promedio), esta publicidad ilustra lo que podría ser un marketing generoso: una marca que da más de lo que pide.
No olvidemos… Las buenas resoluciones no producen el cambio por sí solas. Pero indican que se ha vuelto necesario. Las adoptamos cuando la brecha entre lo que somos y lo que queremos ser se vuelve demasiado grande.
