Marte, en la actualidad, es el ejemplo casi perfecto de un mundo inhóspito: frío, seco y azotado por vientos que levantan polvo fino sobre un paisaje rojizo. Sin embargo, esta imagen está comenzando a resquebrajarse. Los nuevos datos enviados por el rover Perseverance desde el cráter Jezero apuntan a un pasado marciano radicalmente diferente, marcado por la presencia persistente de agua líquida y, posiblemente, por un clima capaz de sostener lluvias durante largos periodos.
Las rocas que cuentan una historia incómoda para el Marte “desértico”
Desde su llegada a Jezero en 2021, Perseverance ha identificado miles de rocas de tonalidad blanquecina dispersas por la superficie. Estas no son simples variaciones estéticas del paisaje marciano, sino que su composición, rica en caolinita (un mineral arcilloso), es clave. En la Tierra, la caolinita se forma cuando rocas más antiguas se alteran químicamente bajo la acción prolongada del agua, en entornos cálidos y húmedos.
El paralelismo con depósitos terrestres bien estudiados, como los del sur de California o ciertas regiones de Sudáfrica, refuerza esta interpretación. Según los estudios publicados en Nature Communications Earth & Environment, en ambos casos, la presencia de caolinita es la huella de procesos que no se explican con episodios breves de agua, sino con una exposición sostenida a la humedad. Traducido al contexto marciano, esto sugiere un Marte que no solo tuvo agua líquida, sino que la mantuvo durante millones de años.
Un clima capaz de sostener lluvias durante millones de años

El gran avance conceptual no reside solo en aceptar que Marte fue húmedo, algo que ya sugerían antiguos valles fluviales y deltas fosilizados. Lo realmente disruptivo es la idea de precipitaciones repetidas a lo largo de escalas de tiempo geológicas. La formación de caolinita requiere que el agua interactúe con las rocas de manera prolongada, bajo temperaturas relativamente templadas y con una atmósfera capaz de sostener un ciclo hidrológico activo.
Este escenario encaja con la imagen de un Marte primitivo con una atmósfera más densa, y con un efecto invernadero suficiente para mantener agua líquida en su superficie. En este contexto, el planeta rojo deja de ser un “desierto congelado desde siempre” para convertirse en un mundo dinámico, con episodios climáticos comparables –en escala, no necesariamente en detalle– a algunos entornos húmedos de la Tierra primitiva.
Un pasado potencialmente habitable

Un planeta con agua líquida persistente, temperaturas más suaves y una química activa es, al menos en teoría, un entorno donde la vida microbiana podría haber encontrado un nicho. Las observaciones de Perseverance no prueban que la vida haya existido en Marte, pero sí refuerzan la plausibilidad de que el planeta ofreciera condiciones habitables durante un periodo de tiempo significativo.
Además, la distribución dispersa de las rocas ricas en caolinita plantea interrogantes. No se observa un afloramiento claro en las inmediaciones del cráter Jezero, lo que sugiere que estos materiales pudieron ser transportados por antiguos ríos o incluso redistribuidos por impactos meteoríticos. Resolver este origen es clave para entender la extensión real de los ambientes húmedos en el Marte antiguo.
Reconstruir cómo Marte perdió su clima benigno
Comprender este periodo húmedo no es solo una cuestión de curiosidad histórica. También ayuda a reconstruir el proceso por el cual Marte perdió gran parte de su atmósfera y se transformó en el mundo árido actual. La transición desde un planeta con lluvias persistentes a otro prácticamente sin agua superficial plantea preguntas profundas sobre la evolución atmosférica, la actividad volcánica y la interacción con el viento solar.
Las próximas etapas de la misión Perseverance, junto con el análisis futuro de muestras marcianas en la Tierra, podrían aportar datos decisivos. Cada roca analizada es una página más del archivo geológico de Marte. Y ese archivo empieza a sugerir algo incómodo para nuestras intuiciones: el planeta rojo no siempre fue el símbolo de la sequedad extrema. Hubo un tiempo en que, probablemente, llovía. Y durante mucho más tiempo del que habíamos imaginado.
