Después de una pausa, el actor Mārtiņš Egliens ha regresado a la escena, esta vez con un papel en la película del director Dž. Dž. Džilindžers, Perfektie. Las entradas para su más reciente montaje, el concierto teatral Ar mani atkal runā… Ilze, se agotaron rápidamente. Egliens también ha dado sus primeros pasos como compositor. ¿Qué papel desempeña ahora en el dinámico mundo de la cultura?
“En el teatro he tenido papeles buenos y serios, pero desde que terminé la Academia de Cultura, he interpretado comedia tras comedia. He exagerado con este género. Los papeles cómicos me entrenan como actor, pero hace cuatro años, cuando empecé a tener problemas con la voz, ya llevaba unos cinco años sintiendo insatisfacción con lo que hacía en el teatro. Y no tenía otra opción para alejarme del escenario que… perder la voz. No es una filosofía, ¡es la realidad!”
El diagnóstico médico fue alarmante: la enfermedad no tiene cura. Inyectando botox en el cuello cada tres meses, se puede mantener la voz, pasando de un estado malo a uno aceptable y luego perdiéndola gradualmente… y así toda la vida.
“Dios me lo había mostrado durante varios años, y yo mismo lo sabía, que no podía y no debía quedarme en el teatro, porque no me daba alegría.”
