La danza del mayo reinventada: cómo una artista fusiona tradición y ritmos urbanos
El maypole, ese poste decorado alrededor del cual se tejen cintas de colores en celebraciones primaverales, ha sido durante siglos un símbolo de festividades rurales en Europa. Pero en manos de Jasmine Cooray, poeta, bailarina y coreógrafa británica, esta tradición ancestral está viviendo una metamorfosis radical: ahora se baila al ritmo del dancehall, el drum and bass y otros géneros urbanos.
Cooray, de origen británico y singapurense, no solo ha rescatado el maypole de su imagen folclórica estática, sino que lo ha convertido en un acto de resistencia cultural y creatividad contemporánea. «Quería desmontar la idea de que el maypole es solo para niños o para recreaciones históricas», explica en una entrevista reciente. «Es un espacio de juego, de conexión, y merece evolucionar como cualquier otra forma de arte».
De la nostalgia a la innovación
El proyecto de Cooray, titulado «Maypole Reimagined», surgió como una respuesta a su propia experiencia con la danza tradicional. Criada en Londres, recuerda haber participado en festivales de mayo durante su infancia, pero siempre con la sensación de que algo faltaba. «Era bonito, pero también rígido y repetitivo. No reflejaba la energía de las comunidades diversas en las que crecí», comenta.

Su propuesta rompe con esa rigidez al incorporar música electrónica, movimientos inspirados en el breaking y coreografías colaborativas. En sus talleres, que ha impartido en espacios como el Southbank Centre de Londres y festivales independientes, los participantes —desde niños hasta adultos— aprenden a tejer las cintas al compás de beats modernos, creando patrones que mezclan lo ancestral con lo urbano.
Un símbolo de inclusión
Para Cooray, el maypole es más que un poste: es una metáfora de comunidad. «Las cintas representan las historias individuales que se entrelazan para crear algo más grande», señala. En sus performances, ha trabajado con colectivos de migrantes, comunidades LGBTQ+ y artistas callejeros, usando la danza como herramienta para visibilizar identidades diversas.

Uno de sus talleres más recientes, realizado en colaboración con el colectivo Queer House Party, exploró cómo el maypole podía adaptarse a celebraciones no tradicionales. «Fue increíble ver cómo personas que nunca habían bailado alrededor de un poste se apropiaban del espacio con tanta libertad», relata.
Críticas y apoyos
Como toda innovación, el enfoque de Cooray ha generado tanto entusiasmo como escepticismo. Algunos puristas argumentan que el maypole debe mantenerse fiel a sus raíces históricas, mientras que otros celebran su capacidad para atraer a nuevas generaciones. «No estoy destruyendo la tradición, la estoy actualizando», defiende la artista. «El arte siempre ha sido un diálogo entre el pasado y el presente».

Lo cierto es que su trabajo ha resonado en espacios inesperados. En 2025, presentó una performance en el Festival de Glastonbury, donde el maypole se convirtió en el centro de una fiesta que mezcló sonidos de jungle con danzas tradicionales. «La gente se sorprendió al ver cómo algo tan antiguo podía sentirse tan fresco», recuerda.
El futuro del maypole
Cooray no planea detenerse. Actualmente, está desarrollando un proyecto para llevar el maypole a escuelas en zonas desfavorecidas de Reino Unido, con el objetivo de usarlo como herramienta educativa. «Quiero que los niños vean que la cultura no es algo estático, sino algo que pueden moldear», afirma.
Mientras tanto, en redes sociales, su propuesta ha inspirado a otros artistas a experimentar con el maypole. Desde coreografías con K-pop hasta performances en festivales de música electrónica, la danza del mayo está viviendo un renacimiento inesperado. «Al final, el maypole siempre ha sido un símbolo de celebración», concluye Cooray. «Y hoy, más que nunca, el mundo necesita celebrar».
