Lionel Messi puede, sin duda, reclamar la autoría intelectual de dos goles y medio de los tres que Inter Miami anotó al Vancouver Whitecaps. El marcador final de 3-1 en Fort Lauderdale selló la primera MLS Cup para las Garzas. El capitán y figura del equipo completó una actuación digna de una temporada mágica: entregó dos asistencias y acumula un total de 407 asistencias en su carrera, superando a cualquier otro futbolista en la historia.
Mientras su físico lo permite, Messi se mueve como un jugador de noventa o incluso cien minutos. Su versatilidad en el ataque es notable, desempeñándose como delantero, falso nueve, mediapunta, clásico número 10 o extremo. A los 38 años, el rosarino tiende a ubicarse más por la banda derecha –como lo hizo este sábado–, apareciendo en momentos clave cuando su equipo posee la pelota. Inter Miami sigue fielmente la premisa de “la pelota siempre al 10”.
Hoy, más letal que nunca, Messi sigue siendo decisivo. Puede perder el balón, incluso fallar un pase, pero continúa siendo garantía de lo inesperado. Es uno de los pocos, quizás el único, capaz de superar a dos jugadores con un solo movimiento y desatar el aplauso de la afición, incluso si la jugada no culmina en gol. Y si lo hace, especialmente si abre el marcador en una final, mucho mejor. En este caso, aunque el balón pasó por Rodrigo De Paul y Tadeo Allende –ambos argentinos– antes de entrar en la portería de Vancouver, generando un gol en contra que no se contabiliza como asistencia, Messi fue el cerebro detrás del 1-0.
A pesar de sus 38 años y un físico que ya no está en su mejor momento, cuando Messi “aprieta el turbo”, nadie puede detenerlo. Como en el segundo tiempo de la final de la MLS Cup, cuando acumuló rivales por la banda derecha y se escapó cerca de la línea de fondo. La imagen recordó su memorable maniobra contra Josko Gvardiol, defensor croata, en una semifinal del Mundial de Qatar. En aquella ocasión, Messi “paseó” al actual defensor del Manchester City. Esta vez, bajo el sol de Florida, ridiculizó a cualquiera que se atreviera a quitarle el balón, como un niño jugando. Messi y la pelota, una conexión inquebrantable.
Es cierto que la jugada no terminó en gol, pero refleja el carácter de Messi, a quien recientemente se le acusaba de “desaparecer” en los partidos decisivos. Sus éxitos con la selección han liberado a Leo, quien ahora juega cada partido como si fuera una final. Esa mentalidad competitiva lo distingue de sus compañeros: el 10 todavía juega a la pelota como lo hacía en el Club Grandoli, de su Rosario natal.
La prueba de su carácter fue el segundo gol de Inter Miami, que dio vuelta a la final tras el empate 1-1. El zurdo presionó a Andrés Cubas –argentino nacionalizado paraguayo, formado en Boca–, mediocampista de Vancouver que giró y perdió el balón. Sin tiempo para pensar, rodeado de camisetas blancas, Messi divisó a De Paul y le entregó el gol en bandeja de plata. El ex mediocampista de Racing solo tuvo que correr y definir cruzado para el 2-1.
Pero aún había más. Para Messi, cada balón puede ser decisivo. En este caso, lo fue el penúltimo. El capitán controló de pecho y en movimiento un pase alto, y con un toque de zurda habilitó a Allende. El cordobés respondió a la altura del “pase messiánico” y convirtió. Hubo un abrazo entre el asistidor y el asistido, y una celebración desenfrenada de Javier Mascherano. Gracias a Messi, el “Jefecito” disfrutó de la gloria de ser campeón. Aunque llegó a Fort Lauderdale con antecedentes poco favorables, en un año llevó al equipo a conquistar la liga y a superar los 100 goles en una temporada.
Messi no tocó la pelota tantas veces como se podría esperar, considerando su influencia en el marcador: lo hizo en apenas 45 ocasiones, una cada dos minutos. Este dato revela que el rosarino no aparece constantemente –para no agotarse–, sino cuando más se le necesita. Realizó cuatro pases importantes y acertó 17 de sus 19 envíos a sus compañeros. Sin embargo, no fue tan explosivo como en otras ocasiones: solo tres de sus ocho gambetas fueron exitosas, según Sofascore. En cualquier caso, el premio al MVP del partido fue casi una formalidad.
Messi volvió a jugar una final como si fuera la última de su carrera. Tal vez lo sea, ni siquiera él lo sabe. Su equipo y su afición lo disfrutan, celebrando la obtención de la MLS Cup. Los argentinos en el estadio revivieron las imágenes de Lusail con la Copa del Mundo de 2022. Y algunos se ilusionaron con una posible repetición en el MetLife de Nueva Jersey, sede de la final del Mundial del próximo año. La Pulga inspira a miles de argentinos a creer, a creer que es posible.
