Un nuevo estudio sugiere que la práctica de tomar cantidades muy pequeñas de sustancias psicodélicas podría ayudar a las personas a adoptar estilos de vida más saludables. La investigación indica que quienes practican la microdosificación reportan mejoras en el sueño, la actividad física y la dieta, especialmente cuando inician el régimen con un objetivo específico en mente. Estos hallazgos sobre la relación entre las dosis bajas de psicodélicos y los hábitos saludables fueron publicados en la revista Neuropharmacology.
Las enfermedades crónicas, como las enfermedades cardíacas y la diabetes, son responsables de millones de muertes anualmente. Los expertos médicos coinciden en que estas afecciones son en gran medida prevenibles a través de elecciones de estilo de vida como el ejercicio regular y una dieta equilibrada. Sin embargo, cambiar hábitos arraigados es un desafío psicológico difícil para muchas personas.
Mantener un estilo de vida saludable requiere una autorregulación y motivación constantes. Cuando estos recursos psicológicos se agotan, las personas a menudo recurren a comportamientos poco saludables. Esta lucha ha llevado a los científicos a buscar nuevas intervenciones que puedan facilitar el mantenimiento de cambios de comportamiento.
Los psicodélicos clásicos, como la psilocibina, se sabe que afectan los receptores de serotonina en el cerebro. Investigaciones previas han demostrado que las dosis altas de estas sustancias pueden ayudar a tratar la adicción al alcohol y al tabaco. Esto ha llevado al concepto de “psicodélicos conductuales”, que explora cómo estos compuestos podrían fomentar cambios positivos en los hábitos.
Luisa Prochazkova, investigadora afiliada a la Universidad de Lisboa en Portugal y la Universidad de Leiden en los Países Bajos, lideró esta investigación reciente. Ella y sus colegas buscaron comprender si los beneficios observados en las terapias de alta dosis también podrían aplicarse a la microdosificación. La microdosificación implica tomar una fracción de una dosis recreativa estándar, que es demasiado pequeña para causar alucinaciones.
Los investigadores se propusieron caracterizar a las personas que practican esta técnica y los cambios de salud específicos que le atribuyen. También querían identificar los mecanismos psicológicos que podrían impulsar estos cambios. Para ello, el equipo diseñó una encuesta retrospectiva de métodos mixtos.
El estudio reclutó a trescientos sesenta y cinco participantes a través de comunidades en línea y organizaciones de reducción de daños. Estos participantes tenían experiencia con la microdosificación y estaban dispuestos a compartir sus protocolos y resultados. La edad promedio de los encuestados era de alrededor de cuarenta y cinco años.
La mayoría de los participantes residían en países occidentales, con un gran número viviendo en los Países Bajos. Esta concentración geográfica es relevante porque los trufas de psilocibina son legalmente accesibles en esa región. En consecuencia, las trufas fueron la sustancia más utilizada en el grupo.
La encuesta formuló preguntas detalladas sobre cómo los participantes estructuraron su uso. Alrededor de la mitad del grupo siguió el “Protocolo Fadiman”, que implica tomar una dosis cada tercer día. Otros siguieron un programa de dosificación durante varios días seguidos y luego tomaron un descanso.
Algunos participantes practicaron el “apilamiento” (stacking), que implica combinar el psicodélico con suplementos no psicodélicos. Las adiciones comunes incluían el meleno de león (Lion’s Mane) y la niacina. Los usuarios creían que estas combinaciones podrían mejorar los beneficios cognitivos de la microdosis.
Los investigadores analizaron los datos para determinar qué comportamientos de salud cambiaron más. Las mejoras en la calidad del sueño fueron uno de los beneficios más reportados con frecuencia. Casi la mitad de los participantes notaron que su sueño había mejorado desde que comenzaron a microdosis.
Las prácticas contemplativas también experimentaron un gran impulso entre los encuestados. Un porcentaje similar de usuarios informó que participaban con mayor frecuencia en actividades como la meditación y el mindfulness. Esto sugiere que la práctica puede fomentar una mayor concentración en el bienestar mental y emocional.
La actividad física fue otra área donde los usuarios percibieron cambios positivos sustanciales. Muchos participantes informaron que hacían ejercicio con más frecuencia o con mayor intensidad. Esto incluyó un mayor compromiso con caminar, hacer senderismo y realizar entrenamientos físicos estructurados.
El estudio también destacó una fuerte tendencia a la reducción del consumo de sustancias. Entre aquellos que informaron cambios en sus hábitos de consumo de alcohol, el noventa y cinco por ciento indicó una disminución en el consumo de alcohol. Esto se alinea con ensayos clínicos previos que sugieren que los psicodélicos pueden interrumpir los patrones adictivos.
Los participantes también describieron mejoras en su equilibrio entre el trabajo y la vida personal. Muchos señalaron que eran más capaces de establecer límites en sus horas de trabajo. Este cambio a menudo se acompañó de un aumento reportado en las actividades sociales y la participación comunitaria.
Una mayor conexión con la naturaleza fue otro tema constante en los resultados. La gran mayoría de los participantes sintieron que estaban más en sintonía con su entorno natural. Esto se alinea con el concepto de “biofilia”, donde sentirse conectado con la naturaleza se correlaciona con mejores resultados de salud.
Para comprender por qué ocurrieron estos cambios, los investigadores analizaron los factores psicológicos. Los participantes identificaron la “flexibilidad psicológica” como un mecanismo clave. Esto se refiere a la capacidad de adaptarse a las demandas situacionales fluctuantes y permanecer en el momento presente.
La autoeficacia surgió como otro impulsor psicológico crítico. Esto es la creencia en la propia capacidad para ejecutar los comportamientos necesarios para producir logros de rendimiento específicos. Sentirse más competente y autónomo pareció ayudar a los usuarios a adherirse a sus objetivos de salud.
El estudio también examinó qué factores predijeron un resultado exitoso. El análisis estadístico reveló que la dosis o el protocolo específico utilizado no fue estadísticamente significativo para predecir el cambio de comportamiento. El historial psiquiátrico del usuario tampoco jugó un papel predictivo importante.
En cambio, la intención del usuario fue el predictor más poderoso. Los participantes que tenían la intención explícita de cambiar sus hábitos tenían muchas más probabilidades de informar cambios positivos en la dieta y el ejercicio. Esto sugiere que la mentalidad del usuario es tan importante como la sustancia en sí.
Las respuestas cualitativas proporcionaron más información sobre la experiencia del usuario. En preguntas abiertas, los participantes describieron una mayor sensación de conciencia corporal. Informaron estar más “en sintonía” con las señales físicas, lo que les ayudó a tomar decisiones más saludables de forma espontánea.
Algunos usuarios describieron el efecto como una eliminación de la fricción mental. Sintieron que las decisiones saludables requerían menos fuerza de voluntad que antes. Esto se alinea con la teoría de que los psicodélicos pueden aumentar temporalmente la plasticidad neuronal, lo que permite la formación de nuevos hábitos.
Si bien la mayoría de los informes fueron positivos, una pequeña minoría de participantes no experimentaron beneficios. Alrededor del tres por ciento de los encuestados informó efectos negativos. Estos fueron principalmente síntomas físicos como náuseas, malestar estomacal o somnolencia.
Hay varias advertencias sobre estos hallazgos que deben tenerse en cuenta. El estudio utilizó un diseño transversal basado en informes retrospectivos. Esto significa que los datos dependen de la precisión de los recuerdos de los participantes, que pueden ser falibles.
El estudio también carece de un grupo de control, que es un requisito estándar para demostrar la eficacia médica. Sin un grupo de placebo para la comparación, es imposible descartar el efecto placebo. Las personas que creen que la microdosificación les ayudará pueden informar mejoras simplemente debido a esa creencia.
El sesgo de autoselección es otra limitación de este método de investigación. Es más probable que las personas que tuvieron una experiencia positiva con la microdosificación se ofrezcan como voluntarias para dicha encuesta. Aquellos que lo intentaron y no encontraron ningún beneficio pueden haber sido menos propensos a participar.
Los investigadores también señalaron que no podían verificar objetivamente los cambios de salud. El estudio se basó únicamente en la percepción de los usuarios sobre sus propios niveles de sueño y ejercicio. No se recopilaron medidas objetivas, como datos de rastreadores de actividad física.
A pesar de estas limitaciones, el estudio ofrece una hoja de ruta para futuras investigaciones. Identifica comportamientos de salud específicos, como el sueño y la reducción del alcohol, que parecen responder a la microdosificación. Estos objetivos específicos se pueden utilizar para diseñar experimentos más rigurosos.
Los autores sugieren que futuras investigaciones deberían emplear ensayos controlados aleatorios. Dichos estudios implicarían la administración de un placebo a un grupo de control para aislar los efectos químicos del psicodélico. Esto ayudaría a determinar si la sustancia en sí causa el cambio o si la intención es el único impulsor.
Investigar el papel de los suplementos de “apilamiento” también sigue siendo una vía para futuras investigaciones. Dado que muchos usuarios combinan sustancias, la ciencia necesita comprender cómo interactúan estos compuestos. Actualmente se desconoce si agregar meleno de león o niacina altera objetivamente el resultado.
El estudio, “Exploring the effects of microdosing on health behaviour change”, fue escrito por Luisa Prochazkova, Laura C. Carvalho, Natasza Marrouch, Jorge Encantado y Pedro J. Teixeira.
