Un nuevo estudio revela que la atracción de los mosquitos hacia los humanos no depende principalmente del tipo de sangre, sino de señales como el dióxido de carbono y los estímulos visuales. Investigadores del Instituto de Tecnología de Georgia examinaron el movimiento de cientos de mosquitos, recopilando alrededor de 20 millones de registros de trayectorias de vuelo.
A partir de este análisis, desarrollaron un modelo matemático para predecir el patrón de aproximación de los insectos a los humanos. Los datos indican que los mosquitos no se coordinan directamente durante el vuelo, sino que cada uno responde de forma independiente a los estímulos del entorno, llegando simultáneamente al mismo punto debido a la exposición a las mismas señales, no por un comportamiento colectivo organizado.
La investigación identificó dos elementos clave en la atracción: el dióxido de carbono, liberado durante la respiración, y la presencia de objetos oscuros en el campo visual de los insectos. En pruebas realizadas con diferentes objetivos en una cámara controlada, se observó que un objeto oscuro atraía inicialmente a los mosquitos, aunque sin una permanencia prolongada.
