Investigadores del Icahn School of Medicine at Mount Sinai analizan cómo las células madre y las vías biológicas influyen en el envejecimiento humano, combinando avances científicos para comprender la salud y la longevidad celular.
Descifran los mecanismos celulares en el Mount Sinai
Las células madre mantienen la capacidad de regenerar tejidos a lo largo de la vida, aunque su potencial de autorrenovación disminuye con los años.
En el Icahn School of Medicine at Mount Sinai, los investigadores estudian los mecanismos celulares para comprender los cambios asociados al envejecimiento y a las enfermedades. Sarah E. Millar afirmó que el proceso de activación y diferenciación de las células madre es complejo, y aprovechar el poder para dirigirlo es un objetivo valioso, pero muy desafiante
, y añadió: Estamos en una mejor posición que nunca, tanto por el conocimiento que hemos generado como por las herramientas que hemos creado, para resolverlo.

El equipo científico utiliza células cutáneas como modelo para investigar la diferenciación celular. A través de este enfoque, los investigadores han identificado la vía WNT como un regulador clave en la dinámica de las células madre, la cual determina por qué ciertas áreas del cuerpo desarrollan vello mientras otras permanecen sin él. En modelos experimentales con ratones, la eliminación de uno de los genes vinculados a esta vía provocó una pérdida de cabello similar a la calvicie de patrón masculino observada en humanos.
Durante 2025, el grupo de investigación también identificó que la vía Hedgehog regula las células madre encargadas de mantener las glándulas especializadas de los párpados. La alteración de esta señalización en glándulas envejecidas reduce la producción de la película grasa que previene la evaporación de las lágrimas, lo que da lugar al desarrollo de ojo seco. Millar advirtió que corregir estos desequilibrios de señalización podría revertir la enfermedad del ojo seco, la cual, si no se trata, puede llegar a ser lo suficientemente grave como para afectar la visión de una persona
.
Cultivan tejido cerebral para rastrear el Alzheimer
En el Mount Sinai, el investigador Joel Blanchard emplea células madre recolectadas en vida de cientos de participantes procedentes de estudios a largo plazo sobre memoria y envejecimiento.
A partir de ellas, su grupo genera tejido cerebral en miniatura, denominado mini cerebros o miBrains, para investigar trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer y el Parkinson. Mediante el uso de estos modelos, el equipo detectó que las personas portadoras de APOE4, el factor de riesgo genético más fuerte para la enfermedad de Alzheimer, presentan disfunción en los astrocitos, un tipo de célula no neuronal. Esta anomalía favorece la acumulación de proteínas tóxicas en las neuronas, desencadenando procesos de neurodegeneración. Asimismo, un artículo preliminar publicado en 2025 indicó que el alelo APOE4 también puede agravar el Alzheimer al deteriorar el sistema vascular cerebral.
En paralelo, la investigadora Saghi Ghaffari analiza el papel de las mitocondrias y los lisosomas en las células madre formadoras de sangre. Su equipo descubrió que los lisosomas actúan como centros metabólicos esenciales para conservar la potencia de estas células. Al envejecer, los lisosomas sufren daños y disfunciones, lo que propicia el agotamiento de las células madre e incrementa el riesgo de anemia, debilitamiento inmunitario y neoplasias hematológicas. Ghaffari explicó que la sangre interviene en muchos procesos corporales, por lo que parece razonable pensar que mejorar la longevidad de la sangre puede repercutir en nuestra salud a largo plazo
, destacando que restaurar la función lisosomal logró rejuvenecer células madre envejecidas y mejorar su capacidad de autorrenovación en las observaciones del laboratorio.
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