A Muret, a orillas del río Garona, se alza un misterioso muro: el del antiguo lazareto de Saint-Marcet. Tras estas piedras erosionadas por el tiempo, se esconde un capítulo olvidado de la historia hospitalaria medieval, marcado por el sufrimiento, la fe y las grandes epidemias.
Entre memoria y misterio, el muro de los leprosos de Muret revela un pasado medieval poco conocido a orillas del Garona.
Este vestigio del siglo XII, remanente de un lazareto convertido en hospital, es hoy uno de los pocos testigos del pasado medieval de Muret. “Estamos frente a los vestigios del Lazareto Saint-Marcet, el muro de los leprosos. Este lugar es particular porque es el símbolo del pasado hospitalario de la ciudad”, explica Christophe Marquez, director del museo Clément Ader.
Le mur des lépreux, dernier témoin du lazaret médiéval Saint-Marcet, sur la rive droite de la Garonne à Muret.
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El sitio albergaba antiguamente una iglesia, un establecimiento hospitalario donde se trataba a los leprosos y luego a los afectados por la peste, así como un cementerio donde se enterraba a los enfermos que se mantenían alejados de la ciudad.
En aquella época, la lepra aterrorizaba tanto como aislaba. Los enfermos, mantenidos a distancia, debían señalar su presencia con una campanilla o un cascabel.
Una época oscura que carga de emoción este lugar, a pesar de su belleza.
Lors de fouilles en 1995, des ossements ont été découverts sur le site, rappelant son passé hospitalier et funéraire.
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Hoy en día, el lugar, pacífico, parece impregnado de esta memoria.
“Hay un pasado que persigue un poco este lugar y que no se puede evitar pensar cuando uno se acerca hoy a este sitio que ciertamente fue un lugar de gran sufrimiento”, indica Christophe Ader.
El sitio sufrió de lleno las inundaciones del Garona en 1486, que dañaron la capilla de Saint-Marcet hasta su abandono en el siglo XVIII.
“A partir de la Revolución, el sitio quedó completamente abandonado y desmontado. Por eso hoy solo encontramos este muro, cuyo aparejo es muy característico del siglo XII”, precisa.
En 1995, excavaciones arqueológicas realizadas durante trabajos de aparcamiento revelaron la presencia de huesos. Durante las obras, se descubrieron efectivamente restos óseos.
Los movimientos de tierra a veces aún dejan aparecer restos humanos. Estos descubrimientos, tratados con cuidado, recuerdan que el lugar sigue siendo un espacio de memoria histórica. En la actualidad, los huesos se entierran inmediatamente con respeto.
Hoy en día, el muro de los leprosos se ha convertido en un lugar de recogimiento y curiosidad histórica, donde la calma del campo contrasta con la dureza del pasado. Entre silencio, belleza y memoria, continúa contando la historia de los excluidos y los cuidadores de antaño.
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