Berna se encuentra en medio de un intenso debate cultural. El próximo 14 de junio de 2026, los ciudadanos del cantón suizo votarán sobre un crédito de 15,7 millones de francos destinado a financiar los estudios preliminares para la renovación y ampliación del Museo de Bellas Artes de Berna. Sin embargo, la propuesta ha generado una fuerte oposición, liderada por un comité que cuestiona no solo la necesidad del proyecto, sino también su viabilidad económica.
¿Por qué se opone parte de la ciudadanía?
El comité en contra, respaldado por la Unión Democrática del Centro (UDC), argumenta que el museo ya recibe fondos públicos suficientes y que el proyecto es un «lujo innecesario» en un contexto de crisis económica. Según sus representantes, los 147 millones de francos estimados para la obra —de los cuales el cantón aportaría un máximo de 81 millones— podrían destinarse a áreas prioritarias como la salud o la educación.
«No estamos en contra de la cultura, pero sí de los despilfarros», declaró Thomas Aeschi, diputado de la UDC y uno de los rostros visibles de la campaña. «El museo tiene problemas estructurales, pero eso no justifica una inversión millonaria cuando hay necesidades más urgentes».
Los defensores: «Es una inversión en identidad y futuro»
Frente a las críticas, los partidarios del proyecto —un comité interpartidista con representantes de siete formaciones políticas— insisten en que la renovación es urgente. El edificio histórico, construido en 1879 y conocido como Stettler, así como su ampliación de 1983 (Atelier 5), presentan graves deficiencias en seguridad, accesibilidad y conservación de obras de arte. Además, el plan incluye la integración de un inmueble vecino en la Hodlerstrasse 6, lo que permitiría modernizar el espacio expositivo.
«Este museo es un símbolo de Berna, un lugar de encuentro y reflexión que trasciende las fronteras cantonales», afirmó Moussia von Wattenwyl, diputada de Los Verdes y miembro del comité a favor. «No se trata solo de ladrillos, sino de preservar un patrimonio cultural que genera empleo, turismo y cohesión social».
El proyecto se estructura como un partenariado público-privado: mientras el cantón cubriría hasta 81 millones, el museo deberá conseguir el resto mediante donaciones, fundaciones y el Fondo de Lotería. El crédito de 15,7 millones en discusión solo financiaría los estudios técnicos, permisos y licitaciones, pero los opositores temen que sea el primer paso hacia un gasto mucho mayor.
Un debate con ecos políticos
La votación del 14 de junio no es solo sobre arte, sino también sobre prioridades. La UDC, principal fuerza opositora, ha logrado recoger las firmas necesarias para someter el crédito a referéndum, una herramienta que suele utilizar para frenar proyectos de gasto público. Por su parte, los partidos de centro e izquierda ven en el museo un motor económico: según estimaciones del comité a favor, la renovación podría atraer más de 200.000 visitantes anuales y dinamizar el sector turístico.
Mientras tanto, el museo sigue funcionando con limitaciones. Las filtraciones en el techo, los problemas de climatización y la falta de espacios adaptados para personas con movilidad reducida son algunos de los desafíos que, según los expertos, ponen en riesgo tanto las obras como la experiencia del público.
Die Sanierung des Kunstmuseums Bern ist dringend nötig, aber nicht zum Preis von 147 Mio. Franken. Wir sagen NEIN zum Studienkredit! https://t.co/XXXXXX
— Thomas Aeschi (@ThomasAeschi) April 24, 2026
¿Qué pasará después del 14 de junio?
Si el crédito es rechazado, el proyecto quedaría paralizado, al menos temporalmente. Sus defensores advierten que esto podría llevar al cierre parcial del museo o a la pérdida de obras prestadas por instituciones internacionales, que exigen condiciones óptimas de conservación. En cambio, si la votación es favorable, comenzaría una fase de planificación detallada que duraría entre dos y tres años, antes de iniciar las obras.
Para los berneses, la decisión es clara: ¿invertir en cultura como legado o priorizar otros sectores? El debate está servido, y el 14 de junio marcará un precedente en la gestión del patrimonio suizo.
