La cantante franco-congoleña TT, cuyo nombre real es Laetitia Siala, está ultimando los detalles de su próximo EP, un proyecto que fusiona sus raíces africanas con la escena musical canadiense. En su estudio en Toronto, la artista ensaya Nous Deux, el primer sencillo que mezcla francés y lingala, explorando una sonoridad única inspirada en la rumba, el seben y el mutuashi.
Aunque emocionada por compartir su música con el público de Toronto, TT se enfrenta a la dificultad de encontrar espacios que acojan este tipo de propuestas artísticas. “No hay muchos lugares específicamente diseñados para la música afro-francófona en Toronto”, explica la artista, quien subraya la necesidad de más apoyo gubernamental y programas de mentoría para músicos como ella.
Le musicien immigré Mathias Recharte observe que les immigrants ont souvent beaucoup de misère à trouver des établissements qui programment des musiques du monde.
Photo : Radio-Canada
Este sentimiento de exclusión es compartido por Mathias Recharte, baterista de origen peruano. Llegado a Toronto en 2013, Recharte encontró su camino en el colectivo Kuné, un grupo compuesto por músicos inmigrantes y mestizos que refleja la diversidad de la ciudad. “Tocamos en festivales brasileños y griegos, en fiestas turcas e incluso en bodas. Me di cuenta de que la música podía ser mi sustento en Canadá”, comenta.
Sin embargo, Recharte también reconoce que la realidad para muchos músicos inmigrantes es precaria. “Encontrar establecimientos que programen música del mundo sigue siendo un gran desafío. El sistema de subvenciones y toda la industria musical canadiense son un laberinto”, afirma.
Un legado en constante evolución
Aunque definir la identidad sonora de Toronto antes de la llegada de la inmigración es complejo, la ciudad históricamente se ha distinguido por su influencia cultural británica, reflejada en sus instituciones y su rigor técnico. Durante mucho tiempo, la música de Toronto se centró en formas corales y clásicas, con pilares como el Coro Mendelssohn de Toronto y compositores como Healey Willan y Sir Ernest MacMillan.
Entre las décadas de 1920 y 1940, la escena popular vio el auge de las bandas de vodevil, que combinaban la opereta con melodías cómicas, mientras que un jazz underground más vibrante ganaba terreno gracias a formaciones pioneras como Cy McLean and his Rhythm Rompers. Más tarde, en la década de 1960, The Band, el mítico grupo que acompañó a Bob Dylan, se formó en Yonge Street. En tiempos más recientes, Toronto se ha dado a conocer a nivel mundial por su estilo particular de rock independiente y folk alternativo, impulsado por colectivos emblemáticos como Broken Social Scene y Blue Rodeo.
Hoy en día, la afluencia de inmigrantes en el sector cultural es masiva. Según datos de Estadísticas Canadá, en 2021, cerca de 100.000 inmigrantes ocupaban puestos profesionales y técnicos en el campo de las artes y la cultura en todo el país, representando el 21% de los artistas, escritores e intérpretes independientes y más de 2.000 propietarios de empresas del sector.
Una inmigración que une
Alexandra Mourgou, investigadora postdoctoral en la Universidad de York, estudia la relación entre la música y los espacios urbanos. Tras trabajar en París y Atenas, observa que en Toronto las comunidades tienden a mezclarse más fácilmente que en las ciudades europeas más homogéneas. Investigando la experiencia de los inmigrantes griegos en Toronto, Mourgou ha observado un vínculo específico entre las comunidades inmigrantes y ciertos lugares de encuentro.
“En el barrio de The Danforth, desde la década de 1970, lugares de música reúnen a griegos y chilenos que tocan juntos música con contenido político. Ambos comparten la experiencia de la dictadura. También hay cafés donde tocan músicos de Líbano, Grecia, Chipre, y quienes van a escuchar esta música también son inmigrantes”, ilustra.
Grupos como Moskitto Bar, Pantayo, The Sattalites y African Guitar Summit son ejemplos de músicos inmigrantes que han logrado destacar en la escena musical de Toronto.
La necesidad de institucionalización

Jérémie Molho, chercheur associé principal à la Chaire d’excellence en recherche du Canada sur la migration et l’intégration, croit que les sphères institutionnelles doivent mettent plus en lumière les musiques du monde.
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Jérémie Molho, investigador principal de la Cátedra de Excelencia en Investigación de Canadá sobre Migración e Integración, también destaca el impacto de la inmigración en la escena musical del país, a través de la diversidad de artistas y los variados gustos de los recién llegados. Sin embargo, subraya la importancia de que esta diversidad cultural se refleje en la escena cultural.
Existe la necesidad de no solo valorar esta cultura alternativa, sino también de encontrar una traducción en las esferas institucionales más establecidas para permitir una estabilidad material de esta cultura, para dirigir a las personas que llegan con habilidades en el campo de la cultura hacia las estructuras adecuadas que les permitan valorar sus habilidades.

Shamez Amlani, propriétaire de la salle de concert Drom Taberna, un endroit qu’il considère un tremplin pour les artistes issus de la diversité.
Photo : Radio-Canada
Shamez Amlani, propietario de la sala de conciertos Drom Taberna, comparte esta opinión. Esta sala, ubicada en el corazón del centro de la ciudad, es un raro refugio para muchos músicos de diversos orígenes. El lugar ofrece alrededor de cien conciertos al mes, destacando principalmente la música internacional para fomentar el desarrollo comunitario.
Cuando la gente viene a nuestro local, en una sola noche descubren música que nunca antes habían escuchado, una fusión de música auténtica que mezcla los ritmos y las melodías de países muy diversos. (…) Siempre puede haber más lugares como este, por supuesto. Pero al mismo tiempo, hay que empezar por algún lado.
Reconocer la diversidad
Ariane Couture, profesora adjunta en la escuela de música de la Universidad de Sherbrooke, realizó un estudio sobre el alcance de la diversidad cultural en la música en Canadá (nouvelle fenêtre). Según ella, las instituciones ya establecidas y los nuevos establecimientos deben ser más receptivos a las especificidades de las músicas del mundo.
“Todo el mundo se pone un poco al mismo nivel, en una especie de caldo cultural”, dice. “Esto significa que las necesidades de ciertas poblaciones no se destacan”.
Cita el sistema MAPL como un ejemplo de una regulación que no siempre valora la diversidad de los creadores canadienses.
“Ayuda a apoyar, cumpliendo ciertos criterios, una presencia de contenido canadiense en las principales cadenas de radio de Canadá. Pero, de nuevo, hablamos de idiomas reconocidos en Canadá, el inglés y el francés, pero no hablamos de todos los idiomas indígenas que también están presentes en el territorio, ni tampoco pensamos en músicas que combinan diferentes idiomas”, recuerda.
Nicholas Murray, del grupo musical LAL, comparte esta opinión. Según él, es importante asegurarse de que los músicos de diversos orígenes no sean marginados en eventos de mayor escala, como festivales o ceremonias de premios.
Puisque notre forme d’art n’est pas vraiment reconnue, on est automatiquement marginalisé. On est considéré comme quelque chose d’étranger.
El músico Mathias Recharte se hace eco de este sentimiento. “Si vienes de México, se espera que toques mariachi. Pero ¿qué pasa si eres un punk rocker de Guadalajara? Queremos ser reconocidos por lo que creamos, no solo por nuestros orígenes”, exige.
A pesar de los obstáculos, TT se mantiene optimista. Cuando finalmente presente sus nuevas canciones, está convencida de que sus melodías con sabor congoleño cautivarán al público de Toronto. “Honestamente, la ciudad está lista para este tipo de sonido, para este tipo de cambio”, afirma.
