Considerado peligroso para sí mismo y para los demás, lo que justificó su arresto el pasado jueves, se dispuso su internamiento en un centro especializado para enfermos psiquiátricos. La precaución adoptada por el juez de instrucción del Tribunal de Nápoles no impidió un epílogo anunciado: Antonio Meglio, de 39 años y responsable de las puñaladas a una abogada, se quitó la vida.
Un suicidio anunciado incluso ante el juez, al término de la audiencia de garantías del lunes por la noche. Un dramático desenlace que ha desencadenado una investigación, a la luz de una denuncia anunciada por el abogado de Meglio. Los hechos: el lunes por la noche, alrededor de las 21:40, el hombre se suicidó, ahorcándose con una soga improvisada con telas dentro del hospital San Giovanni Bosco.
El trasfondo
Estaba bajo custodia en la unidad de salud mental, solicitó a los agentes de policía penitenciaria que lo dejaran ir al baño. Con la puerta entreabierta, fue encontrado ahorcado. Antonio Meglio, en dos ocasiones, había intentado quitarse la vida. El pasado jueves, tras ser encarcelado por la agresión a una mujer que ni siquiera conocía, ya había intentado suicidarse. Lo hizo en dos ocasiones: primero utilizando una pen drive que llevaba consigo, con la que intentó cortarse las venas; luego se golpeó la cabeza contra la pared, después de ser trasladado a una celda. Este último episodio, ocurrido en Poggioreale, fue rápidamente notificado por los agentes de policía penitenciaria. El resto de la historia es bastante claro. El detenido fue trasladado al San Giovanni Bosco, donde el lunes pasado se celebró la audiencia de convalidadción de su arresto.
Defendido por el abogado penalista Gianluca Sperandeo, Antonio Meglio fue interrogado por la juez Daniela De Nicola, durante una audiencia de garantías marcada por las declaraciones del propio investigado: Meglio repasó las motivaciones que lo llevaron la noche del jueves a apuñalar –con al menos una decena de puñaladas– a una mujer desconocida (una abogada), agredida al azar, dentro del autobús 132 en via Simone Martini. Un epílogo anunciado, se decía, ya que al término del interrogatorio el hombre reiteró su voluntad de quitarse la vida. Más concretamente, Antonio Meglio explicó el motivo de la agresión insensata contra una víctima que ni siquiera conocía. Relató que se sentía atrapado, perseguido, en el centro de una especie de «engaño erótico». Un abismo de sugestiones y contradicciones del que Meglio nunca salió.
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Según sus declaraciones, el hombre de 39 años aclaró que se había armado para defenderse de una trama organizada por una prostituta. Había presentado elementos en una denuncia considerada poco fiable, imaginándose en el centro de una conspiración. Y luego agredió a una mujer, inmovilizándola durante 15 minutos con la rodilla en el cuello, en el suelo de un autobús en Vomero. El lunes, el encuentro cara a cara con el juez. ¿Por qué lo hiciste?, le preguntaron. «Para ser escuchado», es la síntesis de un relato al límite de la alucinación. Pero volvamos al suicidio. El lunes por la noche, faltando veinte minutos para las diez, se activó la alarma. El hombre estaba bajo custodia, pero evidentemente la vigilancia no impidió un gesto extremo e inmediato. En estos días, el abogado de Meglio estaba recopilando la documentación médica relativa al hombre de 39 años.
Los puntos clave
¿Quién lo había atendido? ¿Existía un plan terapéutico? ¿Había tomado medicamentos? Se recopilaba información para que Meglio fuera trasladado a un centro equipado desde el punto de vista clínico, para garantizar la detención de personas con problemas psiquiátricos. Pero no fue posible. Ahora es fácil prever que la Fiscalía disponga las investigaciones pertinentes. El caso de la agresión en Vomero contra la abogada de 32 años estaba coordinado por la fiscal Antonella Lauri, bajo la supervisión del fiscal adjunto Pierpaolo Filippelli. Ahora es probable que se abra una investigación sobre el suicidio, al menos para determinar si hubo omisiones o deficiencias en la atención al paciente-detenido.
Un caso que podría ser asignado al fiscal adjunto Alessandro Milita, que coordina los casos de delitos cometidos dentro del sistema penitenciario del distrito de Nápoles. Intervienen Giuseppe Moretti y Ciro Auricchio, líderes de Uspp, quienes hablan de una tragedia anunciada fruto del fracaso de las REMS tras el cierre de los OPG, disfunciones que recaen sobre el trabajo de la policía penitenciaria. Es fácil prever los próximos pasos: se recopilarán los historiales médicos relacionados con la estancia de Meglio en el San Giovanni Bosco, así como los informes elaborados por el personal que tenía a cargo (y bajo tutela) al hombre de 39 años: un hombre que huía de sí mismo y de los monstruos que llevaba consigo.
