Es una certeza ahora: el opositor ruso Alexéi Navalni, fallecido el 16 de febrero de 2024 en prisión, donde cumplía una condena de diecinueve años, fue envenenado con una neurotoxina por orden de las autoridades rusas. Según revelaron Francia, el Reino Unido, los Países Bajos, Suecia y Alemania al margen de la Conferencia de Seguridad de Múnich el sábado 14 de febrero, solo ellas tenían los “medios, el motivo y la oportunidad” de utilizar un veneno de este tipo contra un prisionero.
Su conclusión se basa en los análisis realizados por varios laboratorios europeos a partir de muestras tomadas del cuerpo del abogado ruso. Iulia Navalnaia, viuda de Navalni, explicó que estas muestras fueron sacadas de Rusia en secreto. Los resultados no dejan lugar a dudas: el principal opositor de Vladimir Putin fue víctima de una “toxina mortal”, la epibatidina, presente en la piel de ranas venenosas de Sudamérica.
Dado que esta sustancia no existe de forma natural en Rusia, fue fabricada por laboratorios bajo la autoridad de los servicios de seguridad. Según The Insider y Agentstvo, dos medios de comunicación rusos en el exilio, podría tratarse del Instituto Estatal de Investigación Científica en Química Orgánica y Tecnología, cuyos investigadores ya publicaron un artículo sobre la epibatidina en 2013, o del centro científico Signal. Dado que ambos laboratorios se encuentran en Moscú, la neurotoxina tuvo que ser transportada a lo largo de 2.000 kilómetros, desde la capital rusa hasta Kharp, la colonia penitenciaria en el Círculo Polar Ártico donde Navalni había sido trasladado tres meses antes.
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