La presión por documentar la felicidad familiar en redes sociales, especialmente durante las fiestas, ha llevado a muchas madres a realizar esfuerzos cada vez mayores para crear imágenes “perfectas”. Esta búsqueda de la validación online, sin embargo, puede eclipsar la propia experiencia y generar situaciones absurdas, como relata una madre en un reciente artículo que ha generado debate sobre los límites de la cultura de la imagen.
Un Accidente Navideño y la Obsesión por la Imagen
La autora, quien prefiere no revelar su nombre, describe un incidente ocurrido cuando su hijo era un bebé: en su afán por capturar la foto navideña perfecta, terminó cayéndose al árbol de Navidad. “Estaba obsesionada con conseguir la foto ideal para Instagram, con su carita de ángel, un adorno sentimental y el indicador de edad con la cifra de ‘seis meses’”, explica. El accidente, que le provocó rasguños y moretones, fue un punto de inflexión que la hizo cuestionarse el valor de esa “memoria” coreografiada para obtener “likes” y comentarios. “¿Cómo fui tan tonta?”, se pregunta, admitiendo que la foto no le recuerda la alegría de la primera Navidad de su hijo, sino el día que casi se rompe un brazo intentando crear contenido.
La presión autoimpuesta por mantener una imagen de maternidad ideal continuó unas semanas después, cuando decidió coordinar atuendos navideños para toda la familia. “Después de invertir tiempo y dinero en tratamientos de fertilidad para tener a mi hijo, sentí que debía mostrar al mundo que tenía la familia que siempre había deseado”, confiesa. Describe esta práctica como una forma de “transmitir” a través de las redes sociales un mensaje de felicidad y plenitud, esperando recibir los inevitables comentarios positivos (“¡Familia preciosa!”, “¡Qué monos!”) como una recompensa por haber alcanzado una configuración familiar que, en realidad, es bastante común.
La Tendencia de los Pijamas a Juego y sus Contradicciones
La autora reconoce haber sentido cierta vergüenza al participar en esta tendencia, incluso pensando que podría estar pasando de moda, aunque la abundancia de ofertas en tiendas y los debates en foros online sugieren lo contrario. Le preocupaba que quienes no tuvieran la posibilidad de adquirir estos atuendos se sintieran excluidos. Para mitigar su incomodidad, optó por conjuntos coordinados pero no idénticos, asignando a cada miembro de la familia un color y un estampado diferente. Sin embargo, admite que esto no cambió la esencia de la situación: se había convertido en una “persona de pijamas navideños a juego”.
El proceso incluyó la compra, el prelavado y la coordinación de los atuendos en Nochebuena, incluso advirtiendo a su esposo sobre el efecto negativo del gorro de Papá Noel en su peinado. La autora confiesa que, en la mañana de la primera Navidad de su hijo, se sintió genuinamente estresada por obtener buenas fotos. Describe su estado mental comparándolo con un meme de TikTok que muestra a una persona sentada en un restaurante con expresión de fastidio, con el texto: “Yo intentando pasar un buen rato después de que no te saliera una buena foto”. Solo después de seleccionar, editar y publicar las fotos en redes sociales sintió que realmente estaba disfrutando de la Navidad.
En años posteriores, la familia sufrió episodios de norovirus y otras enfermedades, lo que impidió la realización de las sesiones de fotos. Sin embargo, la autora relata que, en un momento particularmente caótico, mientras atendía a su bebé enfermo en el baño, decidió deshacerse de los disfraces de reno en un grupo local de intercambio de objetos. “Sentí un alivio enorme”, afirma, y pudo disfrutar del juego de su hijo con un tren sin la distracción de preocuparse por la apariencia de todos.
Un Llamado a la Autenticidad y a Disfrutar el Presente
La autora ha decidido no volver a participar en esta tradición. “Ya no quiero más pijamas a juego”, declara, sintiéndose liberada. Invita a otras madres a centrarse en disfrutar de los momentos con sus seres queridos en lugar de preocuparse por cómo se verán en las fotos y qué imágenes compartirán en redes sociales. Eliminar esta tarea adicional significa menos compras, menos coordinación y menos tiempo dedicado a actuar como una “publicista familiar”.
Reconoce que no es difícil ponerse una prenda de ropa o tomar una foto, pero el problema radica en la motivación detrás de estas acciones. Esta tradición implica un gasto económico y añade complejidad a una época ya de por sí ajetreada, sin mejorar realmente la experiencia. Además, aunque los pijamas a juego tienen un origen anterior a las redes sociales, actualmente su principal objetivo son las fotos. Y, según la autora, cuando vemos estas imágenes, no pensamos en lo adorable que es la familia, sino en el esfuerzo que la madre ha dedicado a orquestar la escena.
La autora concluye que la autenticidad y la espontaneidad son más valiosas que la perfección artificial. Sugiere que esta tradición debería seguir el camino de otras modas pasajeras, como las coronas de flores o los filtros extremos, y que las madres deberían sentirse libres de decir: “Aunque lo haya visto en internet, no tengo por qué hacerlo”.
They’re the Most Insidious Mom Influencers on TikTok. They Drive Me Insane. I Know Why They’re Doing This. https://t.co/wJq9wJqJ9q
— Adina Wise (@AdinaWise) December 19, 2023
Our Favorite Drinks Forever Changed When Columbus Arrived in the Caribbean. Why Do We Never Talk About It? https://t.co/qJq9qJqJ9q
— Slate (@Slate) December 19, 2023
