La neurocientífica Nazareth Castellanos advierte que la multitarea exige un alto gasto de recursos neuronales y genera agotamiento mental. La especialista explica que el cerebro humano no opera como un ordenador y propone entrenar la atención en periodos breves para contrarrestar la fatiga.
Responder mensajes de texto mientras se trabaja, consultar el teléfono durante una reunión profesional o intentar cerrar varios frentes abiertos al mismo tiempo son hábitos cada vez más arraigados en el día a día. Lejos de representar una ventaja de eficiencia, esta forma de organizar la actividad cotidiana provoca un coste cognitivo elevado que afecta de forma directa al bienestar mental.
La neurocientífica Nazareth Castellanos ha puesto el foco sobre los efectos de esta práctica, señalando que el cerebro humano no está diseñado biológicamente para gestionar múltiples procesos de manera concurrente. La experta advierte que el multitasking consume muchísimos recursos neuronales, lo que desencadena una intensa sensación de cansancio al finalizar la jornada.

Por qué el cerebro humano no funciona como un ordenador
Existe la percepción generalizada de que alternar tareas incrementa la productividad y permite aprovechar mejor el tiempo disponible. Sin embargo, la ciencia desmonta esta creencia al evidenciar una diferencia fundamental entre la tecnología informática y la arquitectura cerebral.
Mientras que los equipos electrónicos modernos ejecutan procesos simultáneos sin fricción aparente, el órgano rector del pensamiento opera mediante una rápida alternancia de focos. Lo que hacemos es que pasamos de una a otra de forma muy rápida
, detalla la neurocientífica al explicar que nuestro cerebro, según la teoría vigente, no puede hacer varias cosas a la vez.
Imagínate que yo al GPS le voy cambiando constantemente, cada minuto la dirección a la que quiero ir. Pues cuando estamos haciendo algo, nuestro cerebro tiene que generar esa configuración, ese mapa de ‘¿dónde estoy, qué tengo que hacer?’. De repente, cambio la dirección y tiene que volver a generar otro mapa.
Nazareth Castellanos, neurocientífica, via Elconfidencial y Elperiodico
Esa reorganización constante del contexto mental obliga a recuperar qué información era relevante, dónde se había dejado el trabajo previo y qué pasos siguen. Dicha reconstrucción permanente agota la memoria a corto plazo, facilitando despistes frecuentes y la sensación persistente de fatiga.
Consecuencias sobre la memoria y el estado anímico
El coste de la fragmentación de la atención no se limita a un mero cansancio físico o mental. La sucesión rápida de estímulos genera una huella directa en el estado de ánimo de los trabajadores y profesionales.
La fatiga acumulada alimenta la frustración ante la impresión de haber invertido horas enteras sin haber concluido nada de forma satisfactoria. Esa sucesión de estímulos no significa necesariamente que el cerebro esté realizando varias tareas de manera simultánea, lo que a menudo desemboca en una insatisfacción generalizada al final del día.
Consume muchísimos recursos neuronales, por tanto, nos genera una gran sensación de cansancio. Perdemos la memoria (por eso nos despistamos tanto), perdemos esa capacidad de atención y esa sensación de fatiga luego está detrás de ese estado anímico e insatisfacción que nos deja la sensación de no haber parado un momento en nada en concreto.
Nazareth Castellanos, neurocientífica, via Elperiodico
Entrenamiento gradual para recuperar la concentración
Frente a este escenario de crisis atencional —un fenómeno que cobra relevancia tras la publicación de los datos del informe PISA 2025 sobre el rendimiento y la concentración colectiva—, la especialista propone soluciones prácticas basadas en la neuroplasticidad.
La salida al exceso de multitarea no requiere métodos complejos, sino disciplina en los pequeños hábitos cotidianos. La solución al multitasking se encuentra en algo que puede parecer como insignificante: entrenar, aunque sea un poquito, la atención
, señala la experta al proponer mantener la atención en una sola actividad, aunque sea un minuto o unos segundos.
Este entrenamiento exige constancia porque la necesidad de desviar la mirada hacia el móvil o cambiar de pestaña surge de forma casi automática en las primeras fases del ejercicio. Con una práctica progresiva, el tejido neuronal adquiere nuevas dinámicas de funcionamiento y mejora la estabilidad mental frente a las distracciones cotidianas.
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