Una reciente observación del Telescopio Espacial Hubble, divulgada por la NASA, ha capturado una imagen detallada de la llamada Nebulosa del Huevo, ubicada a aproximadamente 1.000 años luz de distancia en la constelación del Cisne.
Este fenómeno astronómico es de particular interés para los científicos, ya que permite estudiar en profundidad los mecanismos que determinan el destino final de estrellas similares a nuestro Sol. El Hubble no solo ha registrado los patrones de luz y sombra que rodean la nebulosa, sino también los procesos aún poco comprendidos que tienen lugar durante la rápida muerte de una estrella.
La imagen presentada es el resultado de la combinación de datos recopilados a lo largo de décadas, incluyendo observaciones realizadas en 2012 por la WFC3 (Cámara de Campo Amplio 3), junto con datos adicionales del mismo programa. En conjunto, ofrecen una visión sin precedentes de lo que la NASA describe como “este intrincado huevo cósmico”.
La serie histórica de imágenes del Hubble comenzó con la primera fotografía en luz visible obtenida por la WFPC2 (Cámara Planetaria de Campo Amplio 2), continuó en 1997 con una observación en infrarrojo cercano gracias al NICMOS (Cámara de Infrarrojo Cercano y Espectrómetro Multiobjeto), y se amplió en 2003 con la ACS (Cámara Avanzada para Sondeos), que capturó las ondulaciones de polvo alrededor del objeto.
La Nebulosa del Huevo es la nebulosa preplanetaria más joven, cercana y del primer tipo que se ha identificado. En esta fase, que precede a la formación de una nebulosa planetaria propiamente dicha, la estructura de gas y polvo circundante refleja la luz de una estrella que se encuentra en sus últimas etapas. El término “nebulosa planetaria” es un anacronismo, ya que estos objetos no tienen relación alguna con los planetas, sino que se originan en las capas exteriores expulsadas por estrellas con una masa similar a la de nuestro Sol.
El Hubble revela que la estrella central de la nebulosa permanece oculta tras una densa nube de polvo, evocando la imagen de una “yema” sumergida en una “clara de huevo” oscura. Según la NASA, la luz logra escapar a través de un “ojo” polar dentro del polvo, lo que permite que la nebulosa brille intensamente. Esta luminosidad se debe a la reflexión de un disco formado por polvo estelar que fue expulsado hace unos pocos cientos de años, según estiman los equipos científicos de la agencia.
Uno de los aspectos más notables de la Nebulosa del Huevo son los rayos gemelos emitidos por la estrella moribunda, que iluminan los lóbulos polares en rápido movimiento. Estos lóbulos atraviesan una serie de arcos concéntricos, vestigios de eyecciones previas que se desplazan más lentamente y son de tiempos más antiguos. Los investigadores consideran que la morfología de estas estructuras sugiere posibles interacciones gravitacionales con una o más estrellas compañeras ocultas, todas sepultadas bajo la densa capa de polvo que cubre el núcleo estelar.

La evolución de estrellas similares al Sol implica la expulsión de sus capas externas al agotar su combustible de hidrógeno y helio. Este proceso expone el núcleo, que se calienta hasta ionizar el gas circundante, creando las capas brillantes características de las nebulosas planetarias, como la Nebulosa de la Hélice, la Nebulosa de la Raya o la Nebulosa de la Mariposa. Sin embargo, la Nebulosa del Huevo se encuentra en una fase de transición aún más breve, denominada etapa preplanetaria, que dura apenas unos miles de años.
Esta corta duración convierte a la Nebulosa del Huevo en un laboratorio natural ideal para estudiar los mecanismos de expulsión de masa poco después de que ocurran, cuando la “evidencia forense aún es reciente”, según explica la NASA. Los patrones simétricos observados en sus arcos y lóbulos son demasiado regulares para ser el resultado de una explosión violenta, como una supernova. La NASA sostiene que, en realidad, estas formas reflejan una serie coordinada de eventos de chisporroteo, aún no completamente comprendidos, en el núcleo enriquecido con carbono de la estrella.
Las estrellas maduras responsables de estructuras como la Nebulosa del Huevo han desempeñado un papel fundamental en la historia cósmica, al forjar y liberar el polvo interestelar que eventualmente sembró futuros sistemas estelares. De hecho, la materia dispersada de esta manera hace 4.500 millones de años fue crucial en la formación del sistema solar y de los planetas rocosos, incluida la Tierra.
La continuidad de las observaciones del Telescopio Espacial Hubble sobre la Nebulosa del Huevo ha permitido trazar la historia detallada de un fenómeno cuyo estudio continúa aportando claves sobre el destino final de estrellas como la nuestra, acercando a los científicos a comprender los procesos fundamentales que rigen la evolución estelar y la dispersión de elementos en el cosmos.
