El cerebro es el centro de todo lo que somos, moldeando nuestra forma de pensar, sentir y experimentar el mundo. Este año, los avances en neurociencia han cubierto una amplia gama de temas, desde la acumulación de microplásticos en el cerebro hasta los efectos de los psicodélicos. A continuación, un resumen de algunas de las historias más destacadas en este campo antes de que finalice el año.
Los microplásticos están presentes en todas partes, desde el aire que respiramos hasta los alimentos que consumimos. La exposición a estos compuestos puede ser perjudicial, pero hasta qué punto aún se está investigando. Investigadores de la Universidad de Nuevo México buscaron determinar dónde se acumulan los microplásticos en el cuerpo humano. Analizando órganos de personas fallecidas, el equipo descubrió que los microplásticos y nanoplásticos se acumulan en niveles especialmente altos en el tejido cerebral. Lo más sorprendente es que las muestras de hígado y cerebro recolectadas en 2024 contenían significativamente más plástico que las de 2016, lo que sugiere que la exposición ambiental al plástico está aumentando rápidamente. Si bien el estudio relaciona la acumulación de plástico con ciertas condiciones de salud, los científicos enfatizan la necesidad de estudios más amplios y diversos para comprender completamente el impacto de esta presencia en la salud humana.
Sumergir el rostro en agua fría puede ser refrescante, pero sumergir todo el cuerpo en agua helada es otra historia. Los baños de agua fría han ganado popularidad, con entusiastas que promocionan una variedad de beneficios para la salud, aunque los científicos se mantienen cautelosos. Existe alguna evidencia de que los baños de agua fría pueden aumentar las endorfinas, la dopamina y la serotonina, pero los investigadores reconocen que se necesitan más estudios. Junto con los posibles beneficios, existen riesgos reales: los humanos no están hechos para el frío extremo y las caídas bruscas de temperatura pueden bajar la presión arterial o provocar hipotermia. A medida que los científicos continúan investigando, es importante recordar que los efectos de los baños de agua fría pueden variar ampliamente de persona a persona.
Además de la dieta, el estilo de vida, las exposiciones ambientales y la genética, los niveles de metales en el cerebro están surgiendo como otro factor que puede contribuir a la enfermedad de Alzheimer. Los desequilibrios en metales como el hierro, el cobre y el zinc se han relacionado durante mucho tiempo con su patología, pero cuando investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard analizaron los metales en el tejido cerebral humano y la sangre, el litio llamó su atención. Descubrieron que la deficiencia de litio estaba asociada con cambios fisiológicos tempranos. Basándose en esta observación, el equipo probó la idea en un modelo de ratón de la enfermedad de Alzheimer, complementando la dieta de los animales con litio. Los ratones alimentados con una dieta rica en litio mostraron una reducción en la expresión de genes relacionados con la neurodegeneración y un aumento en la expresión de genes relacionados con el aprendizaje y la memoria. En general, el estudio señaló que el monitoreo del litio podría ser una guía útil para los investigadores en la búsqueda de niveles clínicamente significativos en los ensayos en curso.
Neuroscientists at Yale University used functional MRI in awake infants to study encoding of episodic memory.
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A medida que los bebés exploran el mundo, aprendiendo a gatear, caminar e incluso a decir sus primeras palabras, están constantemente formando recuerdos. Sin embargo, cuando los adultos intentan recordar estas primeras experiencias, a menudo no logran hacerlo. Este fenómeno, conocido como amnesia infantil, ha intrigado a los científicos durante más de un siglo. La hipótesis predominante sugería que el hipocampo, una estructura cerebral crucial para la formación de recuerdos episódicos, es inmaduro hasta la adolescencia. Para probar esta idea, investigadores de la Universidad de Yale examinaron más de cerca el hipocampo infantil utilizando imágenes de resonancia magnética funcional y una prueba de memoria de imágenes. Sus resultados sugieren que los bebés de tan solo un año pueden formar recuerdos episódicos, lo que proporciona más información sobre este desconcertante fenómeno.
Desde las “setas mágicas” hasta el “ácido”, los psicodélicos han fascinado durante mucho tiempo a científicos y al público en general, prometiendo cambios profundos en la percepción, el estado de ánimo e incluso la salud mental. Pero detrás de los titulares y el bombo publicitario se esconde una historia científica mucho más compleja. Este artículo explora lo que los investigadores realmente saben –y lo que aún es incierto– sobre cómo los psicodélicos afectan al cerebro. Profundiza en la evidencia de cómo estas drogas pueden mejorar temporalmente la plasticidad neuronal y en los modelos emergentes de neurociencia cognitiva y a nivel de sistemas que intentan explicar sus efectos de amplio alcance. Aún así, se necesita mucha más investigación para desentrañar por completo los complejos mecanismos a través de los cuales los psicodélicos actúan sobre el cerebro.

Kick Out PD is a community-based karate program designed to help people with Parkinson’s disease.
Image of a group of men and women in a karate dojo.
La enfermedad de Parkinson es uno de los trastornos neurológicos de más rápido crecimiento, caracterizado por la pérdida gradual de neuronas productoras de dopamina en el cerebro. Aunque es más conocida por afectar el movimiento, la enfermedad de Parkinson también afecta el estado de ánimo, el pensamiento y el sueño, convirtiendo las tareas cotidianas en desafíos constantes. Sin una cura a la vista, los investigadores, los clínicos y las personas que viven con la enfermedad buscan formas no solo de sobrellevarla, sino de combatirla. ¿Un aliado inesperado? El ejercicio. Este artículo sigue cómo los pacientes y los científicos están poniendo a prueba actividades aeróbicas como el boxeo, el ciclismo y el baile, y descubren que hacer ejercicio puede mejorar la movilidad, levantar el ánimo, ayudar a proteger las neuronas productoras de dopamina e incluso cambiar la forma en que las personas afrontan la vida con la enfermedad de Parkinson.
