Un medicamento comúnmente recetado para problemas estomacales crónicos no es más eficaz que un placebo. Ni siquiera una selección genética de pacientes “adecuados” marca la diferencia. Lo que sí importa es si los pacientes creen que están recibiendo el medicamento. Esto se desprende de un estudio del Maastricht UMC+, publicado en la revista científica Clinical Gastroenterology and Hepatology.
El medicamento en cuestión es la nortriptilina, originalmente desarrollada como antidepresivo y a menudo utilizada en personas con dispepsia funcional. Esta afección causa molestias prolongadas como dolor de estómago, sensación de hinchazón y saciedad temprana, sin que los médicos puedan encontrar una causa física clara. La nortriptilina figura en las guías de tratamiento y se considera una opción estándar cuando otros tratamientos no son suficientemente eficaces.
Prescripción más dirigida
Sin embargo, la evidencia de la eficacia de la nortriptilina para los problemas estomacales no es concluyente, y algunos pacientes experimentan efectos secundarios desagradables. Por ello, los investigadores investigaron si el medicamento funcionaría mejor si se prescribiera de forma más específica. En el estudio, solo los pacientes que metabolizan el medicamento normalmente según su ADN recibieron nortriptilina. Las personas que procesan el medicamento demasiado lentamente (y que, por lo tanto, tienen un mayor riesgo de efectos secundarios) no participaron.
“Pensamos: si este medicamento realmente funciona, deberíamos verlo en este grupo cuidadosamente seleccionado”, afirma el investigador principal, Daniel Keszthelyi, profesor de Enfermedades Gastrointestinales y Hepáticas en el MUMC+. Por ello, 33 pacientes recibieron nortriptilina y 36 recibieron un placebo, sin que ellos ni los investigadores supieran quién recibía qué medicamento. “Así queríamos aclarar un tratamiento sobre el que ha habido debate durante años”.
Resultado sorprendente
Esta expectativa no se cumplió. Los pacientes que recibieron nortriptilina no mejoraron con más frecuencia que los que recibieron un placebo. Alrededor de la mitad de los participantes en ambos grupos mostraron una mejoría de los síntomas. El número de efectos secundarios tampoco difería entre los dos grupos.
Esto no significa que el medicamento no haga nada en absoluto. En los pacientes que sí experimentaron una mejoría con la nortriptilina, se midió una mayor cantidad del medicamento en la sangre. También hubo una correlación con los efectos secundarios. “Esto sugiere que el medicamento sí tiene un efecto biológico en un subgrupo específico”, explica Keszthelyi, “aunque este estudio no es suficiente para demostrar un beneficio terapéutico general”.
La expectativa marca la diferencia
Lo que parece ser decisivo es la creencia del paciente. Más de tres cuartas partes de los pacientes que pensaron que estaban recibiendo el medicamento real informaron de una mejoría, independientemente de si recibieron el medicamento o el placebo.
“Si alguien se siente mejor depende más de lo que espera que de lo que realmente hay en la pastilla”, afirma Keszthelyi. “Esa es la esencia del efecto placebo. Y eso no es una debilidad, sino algo que podemos aprovechar mejor en el consultorio médico”.
Implicaciones para la atención diaria
Los investigadores enfatizan que los resultados no significan que la nortriptilina ya no deba recetarse. Sin embargo, sí demuestran la importancia del contexto del tratamiento: la conversación con el médico, sentirse tomado en serio y la sensación de que las quejas se están examinando cuidadosamente.
“La forma en que se explica y se ofrece un tratamiento ya es parte del tratamiento”, explica Keszthelyi. “En la investigación, intentamos minimizar el efecto placebo. En la atención diaria, queremos aprovechar ese efecto, porque ayuda a los pacientes”.
La investigación se llevó a cabo en 11 hospitales holandeses y fue financiada con una subvención de ZonMw. El investigador principal, Daniel Keszthelyi, está afiliado al instituto de investigación NUTRIM de la Universidad de Maastricht y el Maastricht UMC+.
