La degradación y la gestión deficiente de los ecosistemas oceánicos han alterado la biofonía marina. La pérdida de bosques de algas y arrecifes de coral, el deshielo de los glaciares, la sobrepesca y la minería submarina están eliminando los hábitats esenciales para la vida marina, lo que a su vez reduce la abundancia de animales productores de sonido.
AIMS/ Daneil EstcourtSegún Simpson, la acústica oceánica actual difiere significativamente de la de la era preindustrial. Anteriormente, el paisaje sonoro marino se componía de la biofonía –los sonidos de los animales– y la geofonía –los sonidos de la Tierra, la lluvia, el viento y las corrientes–. Ahora, se suma la antropofonía, como el ruido de las embarcaciones de motor en los arrecifes de coral.
El ruido oceánico antropogénico –proveniente, por ejemplo, de embarcaciones o construcciones– puede enmascarar los sonidos de los animales, impidiendo su comunicación, de forma similar a lo que ocurre en la superficie. “Es como estar en un bar”, explica Parsons. “Si no hay nadie más en el bar, probablemente puedas escuchar a tu amigo. Pero si el bar está lleno de gente, la distancia a la que puedes escucharte mutuamente es mucho menor”.
No solo la frecuencia o la intensidad del ruido son relevantes, sino también la imprevisibilidad de la fuente sonora, lo que puede resultar disruptivo. “Si vivimos en una ciudad, no nos sorprende el ruido del tráfico, pero si vives en el océano y un barco pasa repentinamente por encima de ti, no lo esperarías”, señala Simpson.
