Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán este sábado, en respuesta a tensiones crecientes y a pesar de las conversaciones en curso sobre el programa nuclear iraní. Irán respondió con ataques de misiles y operaciones aéreas dirigidas a Israel, Bahrein, Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos e Irak.
Funcionarios israelíes declararon que los ataques se centraron en infraestructura militar y nuclear de Irán. El espacio aéreo israelí fue cerrado y se implementaron medidas de emergencia, mientras que otros países de la región también anunciaron el cierre de sus espacios aéreos.
El presidente Donald Trump anunció que Washington ha iniciado una “operación de combate importante” en Irán, con el objetivo de “eliminar las amenazas del régimen iraní”. “Este régimen pronto aprenderá que nadie debe desafiar la fuerza y el poder de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos”, afirmó.
Los ataques se produjeron apenas dos días después de que las negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán en Ginebra, mediadas por Omán, terminaran sin un acuerdo. Este ataque conjunto de EE.UU. E Israel representa la escalada más grave desde la breve pero intensa guerra de junio de 2025.
Según informes de la agencia estatal iraní IRNA, el presidente Masoud Pezeshkian se encuentra a salvo. El ministro de Relaciones Exteriores de Irán indicó que el país «podría haber perdido a algunos comandantes», según la cadena de televisión estadounidense NBC. Otras fuentes señalan que los ataques resultaron en la muerte del ministro de Defensa y del comandante de la Guardia Revolucionaria. Medios iraníes reportan 201 fallecidos y 747 heridos en 24 provincias del país, así como víctimas en otros países de Oriente Medio debido a las represalias iraníes contra bases estadounidenses en la región. El ejército estadounidense informó que no hubo heridos entre sus tropas y que los daños a las bases militares en Oriente Medio fueron “mínimos”.
Ante la inestabilidad regional, varias aerolíneas han suspendido sus vuelos a Oriente Medio, incluyendo la paralización de operaciones en el aeropuerto de Dubái y el retorno de vuelos procedentes de São Paulo con destino a Dubái y Doha.
