El zoológico de Ueno, en Tokio, fue escenario de la despedida de los dos últimos pandas gigantes que residían en Japón, los cuales regresaron a China. Esta decisión fue tomada por el gobierno chino en un contexto de crecientes tensiones diplomáticas con Japón.
La medida se produce tras declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, en las que afirmó que su gobierno respondería en caso de un ataque de Beijing contra Taiwán. Esta postura parece haber sido el detonante para la retirada de los animales, considerados tradicionalmente como símbolos de amistad y cooperación entre ambos países.
