El poeta laureado británico, Simon Armitage, admitió que el cáncer es un tema que siempre ha evitado. “Me resulta muy desalentador”, comentó, “he perdido amigos y familiares a causa del cáncer”. Sin embargo, cuando fue comisionado para escribir un poema con motivo del Día Mundial contra el Cáncer, se vio obligado a confrontar las realidades de la enfermedad.
La solicitud de escribir el poema, titulado “The Campaign” (La Campaña), provino de Yorkshire Cancer Research, una organización benéfica que financia investigaciones y trabaja con personas afectadas por el cáncer en Yorkshire, su región natal. “Creo que parte de mi tarea era desmitificar un poco el cáncer, quizás quitarle ese aire demoníaco, al menos para mí mismo”, explicó Armitage.
Según datos de Yorkshire Cancer Research, en Yorkshire se diagnostica un caso de cáncer cada 17 minutos. Antes de comenzar a escribir, Armitage se reunió con 17 personas de todo Yorkshire –investigadores, familiares, recaudadores de fondos y pacientes– en el centro de investigación de Harrogate. “Lo que realmente me impulsó fue pasar tiempo en el centro”, afirmó. “Fue increíblemente inspirador y muy emotivo. Creo que ese es el lugar al que la poesía siempre quiere ir: a la parte emocional”.
Entre las personas que conoció se encontraba Gary Lovelace, un exdirector de escuela que vive con cáncer de riñón en etapa 4. Lovelace destacó la importancia del mensaje positivo del poema, especialmente la línea final que transforma “Yorkshire” en un verbo: “keep Yorkshiring on” (sigue adelante con la fuerza de Yorkshire). “Me pareció un final realmente inspirador y poderoso”, dijo.
La Dra. Kathryn Scott, directora ejecutiva de Yorkshire Cancer Research, admitió que se emocionó al leer el poema por primera vez. La organización encargó la obra en conmemoración de su centenario, buscando una forma diferente y perdurable de marcar este hito.
La metáfora del dragón presente en el poema se inspira en un discurso de Sir Harold Mackintosh, el primer secretario honorario de la organización, quien en 1926 instó a la comunidad de Yorkshire a “atacar al cáncer, el gran enemigo de la humanidad, y convertirse en el nuevo San Jorge en la tarea de matar al dragón”.
Armitage, poeta laureado desde 2019, también reflexionó sobre la vitalidad de la poesía en la actualidad. “La poesía ha evolucionado de manera sutil y positiva con los tiempos”, señaló. “Es sorprendente ver cómo los jóvenes están tan interesados en el lenguaje, aunque no lo expresen de la misma manera que en el pasado. La poesía ha demostrado ser indestructible desde el principio”.
En su opinión, en un mundo saturado de información, un poema, que representa la reflexión personal y sincera de alguien, adquiere un valor especial.
The Campaign
Because we famously speak as we find
we said the word cancer out loud, called it a dragon,
went looking for trouble and picked a fight.
When it reared up in the liver we went into action,
outflanked it, stoned it with tablets and pills.
When it hid in the kidneys or blood we rootled it out,
chased it into the open then shooed it over the hill.
Whenever it raised its serpent’s head we slapped it
hard in the mush with a giant charity cheque,
baited it, lured it out of its lair then zapped it
with photons, protons, compounds and hormones,
messed with its atoms and cells till its forked tongue
was tongue-tied, and tied its forked tail in knots.
When it hunkered down in the prostate gland
or made a nest for itself in the bladder or bowel
we caught it on camera, waylaid it with magnets,
tracked and traced it across the body’s ridings
and wolds, through ginnels and snickets,
then galloped against it with needles for lances,
aimed wave after wave of invisible bullets
into its bitter heart, bamboozled its dark soul.
When it perched on the breast we clipped its wings
with skilful hands; when it smouldered and skulked
in the lungs or roared with its fiery breath
we drowned it with thousands of voices, tamed it
with words and songs. When it tainted the skin
with its presence we pierced its scales, punctured
its plated hide, flummoxed it right to the core.
When it prowled in the mind we outfoxed it,
killed it with kindness, ran rings around it
with marathons, pram races, tea dances, car rallies,
left it behind in the trolley dash, laughed in its face,
stood shoulder to shoulder, held hands, linked arms,
and flew a white rose on a flag wherever it fell.
But the job isn’t over, the work isn’t done;
it broods and lurks in organs and genes,
muscles in on our lives, so we push forward,
keep slaying the dragon inside, keep Yorkshiring on.
