Detrás de la visibilidad de los Juegos Paralímpicos, la realidad económica de los atletas sigue siendo frágil. Ingresos limitados, pocos patrocinadores, una doble vida y el alto costo del equipamiento: para muchos deportistas paralímpicos franceses, el rendimiento se basa en un equilibrio precario.
“Incluso estando en el equipo de Francia, sigue siendo un deporte amateur”, resume Cédric Nankin, defensor del equipo de Francia de rugby en silla de ruedas. Empleado de la SNCF, se beneficia de una adaptación de su horario laboral para continuar con su carrera deportiva en paralelo. Pero su día a día sigue siendo el de una doble vida: jornadas laborales, sesiones por la noche, preparación física los otros días. En el deporte paralímpico francés, el rendimiento aún se construye a menudo entre dos estatus, el de atleta y el de empleado.
En el papel, sin embargo, la igualdad parece garantizada: en Francia, las primas por medalla son idénticas para los olímpicos y los paralímpicos. Tanto en París 2024 como en Milán-Cortina 2026, una medalla de oro reporta 80.000 euros, 40.000 por la plata y 20.000 por el bronce. Pero más allá de este escaparate simbólico, la brecha con los atletas con capacidades diferentes sigue siendo enorme en el día a día. Mientras que estrellas como Léon Marchand, Antoine Dupont, Teddy Riner o Victor Wembanyama viven de salarios, derechos de imagen y grandes contratos privados, la mayoría de los atletas paralímpicos siguen sujetos a una forma de precariedad.
“Los resultados por sí solos no siempre son suficientes”
“En el deporte paralímpico, a menudo hay que contar una historia para interesar a los patrocinadores. Los resultados por sí solos no siempre son suficientes”, explica Sofyane Mehiaoui, jugador de baloncesto en silla de ruedas. Él mismo logró mantener un patrocinador después de París 2024, pero describe un sistema híbrido, basado más en el reembolso de gastos que en salarios. “Los clubes reembolsan los gastos a los jugadores. No son profesionales, pero se les paga de todos modos”, afirma.
En la práctica, a menudo se trata de indemnizaciones mensuales destinadas a permitir a los jugadores dedicar tiempo al entrenamiento, a veces reduciendo su actividad profesional, sin llegar a tener un contrato de trabajo. Estas cantidades, de unos pocos cientos a unos pocos miles de euros al mes según los clubes, a veces complementan otros recursos, como la Asignación para Adultos Discapacitados (AAH). Un modelo frágil: declarar ciertos ingresos puede suponer la pérdida de una parte de las ayudas, sin llegar a obtener un estatus real.
¿Y en el extranjero?
“No ha habido ninguna evolución con respecto a antes. Yo también trabajo a la vez”, afirma Mamady Traoré, pívot del equipo de Francia de baloncesto en silla de ruedas, que también participó en los Juegos de París. “El baloncesto en silla de ruedas no da mucho dinero”, sentencia. La experiencia paralímpica no se tradujo, para él, en un cambio de vida. Durante un año, jugó en Alemania, donde ganaba unos 3.000 euros al mes en un entorno totalmente profesional, con personal técnico, preparadores y asistencia médica. “Allí me dedicaba exclusivamente a eso. En Francia no es lo mismo”, resume. Como muchos otros, no descarta regresar al extranjero.
“Los Juegos han cambiado la mirada, no necesariamente el modelo”
Esta fragilidad también se refleja en el costo de la práctica. “Una silla de rugby cuesta entre 8.000 y 12.000 euros”, recuerda Cédric Nankin. A esto hay que añadir el mantenimiento, los neumáticos, las reparaciones, los desplazamientos, la atención médica… y a veces gastos invisibles. “Solo la cinta para proteger los brazos cuesta unos quince euros por entrenamiento”, subraya.
Desde el 1 de diciembre de 2025, una reforma prevé la cobertura total de las sillas de ruedas por parte de la Seguridad Social. Esto ha mejorado la situación, especialmente para algunas sillas de ruedas deportivas. Pero para las sillas de ruedas deportivas manuales, la cobertura básica está limitada a unos 2.400 euros, con la necesidad de una autorización previa para superar ese nivel, una cifra muy inferior al precio de los modelos de competición.
Para los más jóvenes, la cuestión financiera surge muy pronto. Un jugador que pasó por un centro de formación resume: sus padres desembolsan unos 6.000 euros al año por su formación, sin contar la silla de ruedas.
París 2024 ha cambiado algo, pero sobre todo en “la mirada de la gente” hacia los atletas, según Sofyane Mehiaoui. Por el contrario, en el plano económico, el efecto se ha desvanecido rápidamente. “Muchas empresas jugaron el juego antes de los Juegos, pero no lo siguieron después”, observa Cédric Nankin, que él mismo ha perdido varios apoyos. En otras palabras: más visibilidad, sí; un nuevo modelo económico, no realmente.
“Una verdadera evolución”, según las instituciones
Las instituciones, sin embargo, destacan los avances reales. “Ha habido una verdadera evolución en la seguridad de los atletas paralímpicos”, asegura Marie-Amélie Le Fur, presidenta del Comité Paralímpico y Deportivo Francés (CPSF). A través de la estrategia Ambition Bleue de la Agencia Nacional del Deporte, los atletas más seleccionados pueden beneficiarse de un umbral anual garantizado de 40.000, 30.000 o 20.000 euros según su nivel de rendimiento. En 2025, 130 atletas paralímpicos se beneficiaron de ayudas personalizadas por un total de unos 980.000 euros, mientras que 225 disponían de un dispositivo socio-profesional. Alrededor de 465 deportistas paralímpicos figuran actualmente en las listas de alto nivel. Pero esta red de seguridad beneficia principalmente a los perfiles ya identificados. “La situación más frágil sigue siendo la de los atletas al principio de su carrera”, reconoce Marie-Amélie Le Fur.
A pesar de que persisten obstáculos, los avances son tangibles. “Antes estábamos autofinanciados por completo”, recuerda el antiguo esquiador paralímpico Nicolas Béréjny. En su época, la Federación Francesa de Deportes para Discapacitados solo financiaba algunos stages y las grandes competiciones. El resto corría a cargo de los propios deportistas. Ahora, las ayudas se han ampliado, el deporte paralímpico ha ganado visibilidad y las primas se han igualado. Pero detrás de las medallas y la cobertura mediática, la carrera de un atleta paralímpico sigue basándose en la misma ecuación: rendir al más alto nivel, al tiempo que se encuentran los medios para continuar.
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