Tokio, Japón – Investigadores de la Universidad Metropolitana de Tokio han estudiado la relación entre la información numérica en nuestra visión y cómo afecta nuestra percepción del espacio. Se pidió a voluntarios que identificaran el centro de líneas y cuadrados llenos de números; la desviación de su ubicación respecto al centro real reveló sesgos inesperados. De manera crucial, su trabajo con cuadrados demostró que nuestra percepción del espacio es una interacción compleja entre el procesamiento “basado en objetos” y nuestro procesamiento de la información numérica.
Los números en nuestra visión pueden afectar la forma en que vemos el mundo de maneras inesperadas. Conocida como asociación espacial-numérica, la manera en que nuestro cerebro procesa los números puede introducir “sesgos atencionales”. Por ejemplo, en un juego simple donde personas de culturas con escritura de izquierda a derecha presionan uno de dos botones con el número más bajo, se observa una respuesta más rápida cuando el número más bajo está a la izquierda; lo contrario ocurre con números más grandes. A veces, la información no necesita ser numérica, sino que puede indicar magnitud, como una luz más brillante o un ruido más fuerte. De hecho, se han observado tendencias similares en animales e insectos. Esto sugiere que una “línea numérica mental”, un mapeo de izquierda a derecha de información relacionada con la magnitud en el espacio, podría ser una característica profundamente arraigada en la naturaleza. Comprender cómo funcionan estos sesgos es crucial no solo para comprender mejor cómo funciona nuestro cerebro, sino también para optimizar la forma en que se presenta la información en el mundo real.
Un equipo de investigadores de la Universidad Metropolitana de Tokio, liderado por el profesor Masami Ishihara y el estudiante de doctorado Ryo Hishiya, ha estado utilizando “tareas de bisección” para investigar la asociación espacial-numérica. Las tareas de bisección estándar piden a los voluntarios que estimen el centro de una línea o barra. Cuando la barra está cubierta con números más pequeños, encontraron que los voluntarios situaban el centro sistemáticamente más a la izquierda que con números más grandes. Esto confirma la “línea numérica mental” de izquierda a derecha encontrada en trabajos anteriores. Sin embargo, cuando repitieron el ejercicio con barras verticales, los voluntarios situaron el punto más abajo para números más grandes, contrario a la asociación “de abajo hacia arriba” esperada de trabajos previos. Claramente, hay más factores en juego que solo la línea numérica mental.
En un nuevo enfoque, el equipo repitió el experimento con cuadrados, es decir, formas bidimensionales. Curiosamente, encontraron que el efecto de la magnitud del número desaparecía. En cambio, la presencia de números fue suficiente para inducir un fuerte sesgo hacia arriba y un débil sesgo hacia la izquierda; la ausencia de números condujo a un sesgo más fuerte en la dirección horizontal, probablemente debido a la pseudonegligencia, un sesgo natural conocido en la atención hacia la izquierda. El equipo propone que este sesgo vertical refleja el impacto de la corriente visual ventral, la parte de nuestro cerebro que intenta reconocer objetos (en este caso, cadenas numéricas) que también tiende a dirigir la atención hacia arriba. En este caso, el procesamiento “basado en objetos” parece tener un efecto dominante sobre nuestro procesamiento del valor de los números.
Aunque aún queda trabajo por hacer, los experimentos del equipo ofrecen una nueva perspectiva sobre las sutiles asimetrías que colorean nuestra visión del mundo.
