El plan de paz de 28 puntos para Ucrania, impulsado por el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha generado controversia. Su característica más impactante no es su marcado favoritismo hacia Rusia, evidenciado en el reconocimiento de la soberanía rusa sobre territorios ucranianos ocupados e incluso no ocupados, y la propuesta de una reducción drástica de las capacidades militares de Ucrania. Más bien, lo sorprendente es que el plan fue elaborado por tres funcionarios –dos estadounidenses y uno ruso– con una trayectoria principalmente en el ámbito empresarial, y cuya principal cualificación parece ser una estrecha relación personal y financiera con los líderes de sus respectivos países.
Según se desprende del análisis del plan, disponible en este enlace, la experiencia diplomática de los autores es limitada, lo que plantea interrogantes sobre la viabilidad y el equilibrio del acuerdo propuesto.
