El papa Francisco concluyó su gira por África con una visita a la prisión de alta seguridad en Bata, Guinea Ecuatorial, donde fue recibido por internos mojados por la lluvia que gritaban «libertad» al despedirse.
Durante el encuentro, el pontífice instó a las autoridades a no utilizar el sistema judicial solo para castigar, sino también para proteger a la sociedad, destacando que la verdadera justicia «busca no tanto castigar como ayudar a reconstruir las vidas de las víctimas, los ofensores y las comunidades».
Ante cientos de reclusos reunidos en el patio de la cárcel, Francisco les recordó que no están solos, que sus familias los esperan y que muchas personas fuera de esos muros están orando por ellos.
Organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, han denunciado que la prisión de Bata se utiliza para silenciar a opositores, con informes de golpes rutinarios como castigo y desaparecidos cuyo paradero desconocen sus familias.
El ministro de Justicia de Guinea Ecuatorial, Reginaldo Biyogo Ndong, aseguró que los detenidos son tratados con justicia y que el gobierno está comprometido con la protección de los derechos humanos.
Antes de visitar la prisión, el papa había presidido una misa en un estadio de Bata ante decenas de miles de fieles, como cierre de su gira de casi 18.000 kilómetros por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.
En esa misa, Francisco habló sobre el «respeto por los derechos de cada ciudadano, cada familia y cada grupo social», subrayando la importancia del diálogo en el continente africano.
El viaje, descrito por algunos medios como histórico, tuvo como mensaje central que África enriquecerá su vida y ministerio como sucesor de Pedro.
