Se ha generado especulación sobre la posibilidad de que la administración estadounidense recurra a herramientas de la Reserva Federal (Fed) en los mercados globales para presionar a otros países en su guerra comercial, incluyendo a sus aliados. Específicamente, se menciona el uso de las líneas de intercambio, que implican un financiamiento masivo en dólares en momentos de tensión, una estrategia que, según algunos analistas, no habría sido viable bajo la dirección de Jerome Powell. La pregunta ahora es si esta es la dirección que se está tomando.
Es difícil analizar la reciente intervención de Powell de forma aislada, considerando el contexto actual en Estados Unidos. En los últimos días, se ha observado el despliegue de fuerzas policiales de inmigración militarizadas, amenazas recurrentes sobre la posible adquisición de territorio soberano de aliados de la OTAN, y la inminente decisión de la Corte Suprema sobre la legalidad de la principal política económica del gobierno.
Algunos republicanos en el Congreso podrían sentirse incómodos con este desarrollo relacionado con Powell. Se considera que el jefe de un banco central debe ser una fuente de poder independiente, con la responsabilidad de expresar la verdad, incluso ante el poder establecido.
Incluso la aparición pública no programada de Powell podría generar una reacción en los mercados, tal como ocurrió cuando Andrew Bailey, en medio de la crisis del mini-presupuesto, habló a las cámaras de la BBC desde Washington D.C.
Cabe recordar que el momento de mayor pausa en la agenda del gobierno anterior se produjo el pasado mes de abril, cuando la estrategia caótica en materia de aranceles se vio afectada por los mercados de bonos globales, antes de que la influencia estabilizadora del Secretario del Tesoro, Scott Bessent, tomara el control.
La situación actual con Powell podría repetirse.
