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Una enfermedad hereditaria dificulta enormemente la vida diaria de Kristina: padece prosopagnosia, también conocida como “ceguera facial”, lo que le impide reconocer rostros, incluso los de sus propios hijos. El diagnóstico llegó tras un momento clave en la escuela. Desde entonces, Kristina se enfrenta al día a día con estrategias inusuales para sobrellevar esta condición.
