¿Puede alguien malo en fútbol mejorar a los 30?

by Editor de Deportes

Una futbolista aficionada, con 15 años de experiencia en el deporte, relata su lucha por mejorar a pesar de las dificultades y la falta de talento natural.

La historia comienza con una confesión: a pesar de años de práctica, la autora admite no ser buena en el fútbol. Sin embargo, su pasión por el juego, la adrenalina del primer silbato, la satisfacción de un buen pase o entrada, y la liberación de preocupaciones la mantienen enganchada. Creció en una época donde el fútbol era predominantemente masculino, con solo 80 clubes femeninos en Inglaterra en los años 90 (cifra que ha aumentado a más de 12,000 en la actualidad) y sin una liga premier femenina hasta 1994. Recuerda con frustración los chistes sobre el conocimiento de las mujeres sobre la regla del fuera de juego y las experiencias de ser excluida del juego por los niños.

‘It’s going to be a battle’ … Poppy Noor with coach Wayne Phillips. Photograph: Christian Sinibaldi/The Guardian

La frustración de ver a principiantes superarla rápidamente la impulsó a buscar una mejora. Se propuso un desafío: ¿podría alguien con tan poca habilidad natural, en sus treinta años y después de tener hijos, realmente progresar en este deporte? Comenzó a trabajar con el entrenador Wayne Phillips, quien le advirtió que sería una batalla. Phillips identificó sus debilidades: dificultad para cruzar o disparar, bloqueo bajo presión y falta de velocidad con el balón, aunque reconoció su capacidad para anticipar el juego y su espíritu de equipo.

On the ball … Poppy. Photograph: Christian Sinibaldi/The Guardian

Phillips descompuso la habilidad futbolística en componentes físicos, técnicos, sociales y psicológicos. El plan de entrenamiento incluyó sesiones individuales, entrenamientos grupales y partidos semanales, enfocándose en sus fortalezas y debilidades. Inicialmente, las sesiones se centraron en ejercicios básicos como regates y giros, donde la autora experimentó dificultades.

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La autora se dio cuenta de que su problema no era tanto la falta de habilidad, sino una mentalidad limitante y una tendencia a evitar los aspectos más desafiantes del juego. Había jugado principalmente en defensa, evitando la responsabilidad de atacar y marcar goles. Phillips la ayudó a expandir su repertorio, enseñándole a recibir el balón en diferentes posiciones y a crear ángulos de pase inesperados.

Poppy Noor (centre) with her team at Somers Town Community Sports Centre in north London. Photograph: Alicia Canter/The Guardian

A pesar de los contratiempos y la sensación de empeorar al principio, la autora perseveró. Phillips la animó a cambiar su diálogo interno y a enfocarse en el proceso de mejora. Comenzó a ver resultados, marcando un gol de cabeza en un entrenamiento y combinando trucos con éxito en otro.


La autora reconoce que el tiempo es un factor limitante, ya que comenzó el entrenamiento poco después de dar a luz a su segundo hijo. Sin embargo, se comprometió a aprovechar al máximo cada oportunidad de entrenamiento.

Poppy: ‘Once I realise I have a problem, my game eminently improves.’ Photograph: Christian Sinibaldi/The Guardian

Al final, Phillips la observó jugar en un partido y quedó impresionado con su progreso. Aunque el partido fue desafiante, la autora se sintió satisfecha con su esfuerzo y reconoció que, aunque quizás no sea la mejor futbolista, logró su objetivo de mejorar.

Poppy and Wayne during a one-on-one coaching session. Photograph: Christian Sinibaldi/The Guardian

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