Una gran red de estaciones de servicio ha llegado a su fin, agobiada por enormes deudas. Casi 600 empleados se encuentran ahora en una situación incierta, y los automovilistas tampoco saben qué esperar.
En los últimos días, se ha producido uno de los mayores fracasos en el mercado de combustibles de la región en los últimos años. La red de estaciones de servicio, que ha operado en el mercado durante más de un siglo y contaba con 140 sucursales, se encuentra ahora en proceso de insolvencia.
El grupo empresarial de la familia Stiglechner, con sede en Linz, no pudo hacer frente a la presión financiera y está cesando sus operaciones con combustibles. Tras el fracaso de las negociaciones con un inversor potencial, la empresa presentó una solicitud formal de declaración de quiebra, revelando una enorme deuda que preocupa a cientos de empleados y a decenas de acreedores.
El viernes, se presentaron las propuestas pertinentes ante el tribunal, relativas a dos empresas vinculadas: Julius Stiglechner y Stiglechner Tankstellen. Ambas forman partes clave del grupo y gestionan conjuntamente las estaciones de servicio de la marca iQ, así como las franquicias de Shell, Eni y bp.
La red de estaciones de servicio iQ no pudo hacer frente a su situación financiera
Según los datos disponibles, el volumen total de las obligaciones de ambas empresas asciende a unos 188 millones de euros. Alrededor de 570 empleados y unos 270 acreedores se han visto afectados por la situación.
Un duro golpe para la red de estaciones de servicio
Julius Stiglechner, que formaba el núcleo del grupo empresarial, no solo se dedica a la operación de estaciones de servicio, sino también al comercio de combustibles, lubricantes y fluidos técnicos. Es aquí donde se concentra la mayor parte de la deuda, que asciende a aproximadamente 166 millones de euros. Alrededor de 46 millones de euros corresponden a reclamaciones garantizadas, en las que los acreedores tienen al menos una seguridad parcial de reembolso, por ejemplo, a través de bienes inmuebles.
La segunda empresa, Stiglechner Tankstellen, es responsable de las operaciones diarias de las estaciones de servicio y los lavaderos de coches. En su caso, las deudas acumuladas ascienden a unos 22 millones de euros.
Un negocio condenado al fracaso
La propia empresa atribuyó el colapso a la fuerte caída de las ventas durante la pandemia, que se vio agravada por las fuertes fluctuaciones de los precios de la energía y el aumento de los costes debido a la inflación. Los problemas de la empresa se hicieron plenamente evidentes en 2023, por lo que se inició una amplia reestructuración que incluyó la venta de activos, el cierre de operaciones deficitarias y la búsqueda de un inversor.
A pesar de estas medidas, la empresa no logró estabilizar sus finanzas y finalmente llegó a un punto en el que la quiebra era la única solución posible. Los acreedores pueden actualmente aprovechar la oportunidad de recuperar el 20% de las obligaciones pendientes, según las leyes vigentes. Esta cantidad vence en los próximos dos años. Sin embargo, para los acreedores, esto representa una pérdida significativa, de hasta el 80% del valor de sus reclamaciones.
¿Continuará la venta de combustible?
La decisión de si la red de estaciones de servicio seguirá funcionando durante la quiebra la tomarán los administradores concursales designados. Los automovilistas desconocen si podrán repostar en las gasolineras a las que están acostumbrados desde hace años, o si deberían utilizar los servicios de otros operadores.
El fracaso de este negocio familiar representa, en cualquier caso, un importante revés para el mercado austriaco de combustibles. El futuro de las aproximadamente 140 estaciones de servicio con la marca iQ o que operan en colaboración con grandes compañías petroleras sigue siendo incierto.
Fuente: Kurier


