El gobierno belga se verá obligado a revisar su reforma del Impuesto al Valor Agregado (IVA) tras las fuertes críticas recibidas el sábado por parte del Consejo de Estado. El primer ministro Bart De Wever ironizó al respecto, afirmando que la situación se ha convertido en “un compromiso típicamente belga: se espera un pura sangre y se termina con un camello”.
La reforma, que contemplaba tasas diferenciadas en sectores como la cultura y la hostelería, no entrará en vigor en su estado actual. El Consejo de Estado ha cuestionado la distinción entre ciertos espectáculos, que serían gravados con un IVA del 6%, y otros que pasarían a un 12%. También se ha señalado la ambigüedad en la normativa sobre los platos para llevar, cuyo tipo impositivo variaría según la fecha de caducidad. Tanto el Consejo de Estado como los sectores afectados consideran estas medidas “demasiado imprecisas”.
“Desde la salida de este conclave presupuestario en noviembre, hemos repetido constantemente a todos los gabinetes, a la prensa, a los ministros y a los representantes electos que esta medida no iba a prosperar”, declaró Mathieu Léonard, Presidente de la Federación Horeca en la Región de Bruselas.
Françoise Havelange, secretaria general de la FEAS (Federación de Empleadores de las Artes Escénicas), coincidió en este análisis: “Nos esperábamos este dictamen extremadamente reservado del Consejo de Estado, la base en sí misma no era clara”.
Aunque el objetivo de estas medidas fiscales es claro –recaudar fondos para el Estado Federal–, el futuro de la reforma sigue siendo incierto. “Lo que queremos es claridad”, resumió Havelange.
El gobierno tiene por delante un arduo trabajo. Los cinco partidos que conforman el gobierno “Arizona” deberán llegar a un nuevo acuerdo. Bart De Wever ha prometido presentar “una medida que sea viable”.
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■ Una entrevista de Mathieu Léonard y Françoise Havelange al micrófono de Fabrice Grosfilley y Lisa Saint-Ghislain en Bonsoir Bruxelles.
