Residuos tóxicos en el Pacífico: el oscuro legado de vertidos industriales.

by Editora de Salud

Un reciente estudio publicado en PNAS Nexus ha revelado que miles de barriles metálicos depositados en el fondo del Océano Pacífico continúan generando alteraciones químicas significativas, décadas después de haber sido vertidos deliberadamente. Esta situación pone de manifiesto un capítulo poco conocido de la historia industrial de Estados Unidos.

Durante gran parte del siglo XX, el océano fue utilizado como un destino final para residuos industriales y radiactivos, una práctica que, en aquel momento, era legal y apenas cuestionada. La premisa era que la inmensidad del mar diluiría cualquier sustancia peligrosa, una idea que hoy se considera incorrecta a la luz de la evidencia científica disponible.

Un vertido autorizado y olvidado

Según los archivos de la Agencia de Protección Ambiental, entre las décadas de 1930 y 1970 se establecieron al menos 14 zonas oficiales de vertido frente a la costa de California. En estos lugares se arrojaron residuos de baja radiactividad, subproductos del refinado de petróleo, desechos químicos industriales y material militar obsoleto.

Un barril con una evidente corrosión (UC Santa Barbara /RV Jason/David Valentine)

La mayoría de estos residuos fueron depositados en barriles de acero sin sistemas de contención duradera. Tras ser sumergidos a profundidades superiores a los 600 metros, el problema quedó oculto al público durante décadas, debido a la dificultad técnica de acceder al fondo marino y a la falta de un seguimiento ambiental sistemático.

Qué revelan las nuevas exploraciones

La situación cambió con el despliegue de un sonar de alta resolución y vehículos operados remotamente por equipos del Instituto Scripps de Oceanografía. Estas campañas permitieron identificar cerca de 27.000 objetos con forma de barril y más de 100.000 fragmentos de residuos dispersos por el lecho oceánico.

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El análisis de los sedimentos, recogido en el estudio de PNAS Nexus, descartó que el DDT fuera el principal problema, señalando la presencia de residuos altamente alcalinos. Se detectaron valores de pH cercanos a 12 alrededor de numerosos barriles, junto con una drástica reducción de la vida microbiana, lo que evidencia un impacto ambiental persistente y difícilmente reversible que podría agravarse si la corrosión provoca el vertido del contenido.

Los investigadores advierten que la intervención directa también presenta riesgos considerables, debido al estado de corrosión de los barriles y la profundidad a la que se encuentran. Mantener este legado químico en el fondo del océano implica asumir consecuencias a largo plazo que aún no se han cuantificado completamente por la comunidad científica, y que en ningún caso serían leves.

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