En 1984, Richard Berry, en la cima de su carrera actoral gracias a películas como Le Grand Pardon y La Balance, sorprendió a sus fans al aventurarse en el mundo de la música. El actor lanzó un disco de 45 revoluciones titulado “Visiteur”, explorando un sonido pop-rock sintético muy característico de la década de los 80, con toques futuristas que hoy en día podrían considerarse kitsch.
Sin embargo, el público se mostró sorprendido por esta faceta inesperada de Berry, al verlo transformado en un cantante de ambiente nocturno. Esta sorpresa, sumada a la propuesta musical, no logró conectar con el público y el disco no alcanzó el éxito esperado.
