Francisco Alberto Serrano Acosta
Coordinador de Redacción
Sobre el autor
Apasionado de los videojuegos desde que tiene uso de razón, Francisco Alberto ha dedicado su vida a escribir y hablar de ellos. Redactor en MeriStation desde el 2000 y actual coordinador de redacción, sigue empeñado en celebrar el videojuego de ayer y de hoy en todas sus ilimitadas formas de manifestarse. Actualizado a 18 de abril de 2026 08:20 CEST
Cinco décadas después del nacimiento de Apple, el mito sigue tan presente como siempre. Un garaje en Los Altos, dos jóvenes brillantes, una intuición tecnológica y el comienzo de una de las empresas más influyentes del último medio siglo. En esa versión comprimida de la historia apenas queda espacio para una tercera firma, la de Ronald Wayne, que estuvo allí el primer día, ayudó a dar forma legal y material a la compañía y, sin embargo, terminó convertido en una nota al pie del gran relato californiano.
Wayne no fue un figurante ocasional. Cuando Apple nació el 1 de abril de 1976, Steve Jobs tenía 21 años, Steve Wozniak 25 y Wayne 41. Era el mayor de los tres, había coincidido con Jobs en Atari y aportaba justamente lo que los otros dos no tenían todavía: experiencia industrial, capacidad técnica transversal y una mirada más administrativa. Su papel fue más profundo de lo que su recuerdo público sugiere. Wayne medió en un desacuerdo entre Jobs y Wozniak sobre la propiedad de los diseños, redactó el acuerdo de sociedad que repartía un 45% para cada Steve y un 10% para él como figura de equilibrio, y dejó además varias huellas materiales en aquella Apple embrionaria. Suyo fue el primer logotipo de la empresa, aquella ilustración de Isaac Newton bajo un manzano, y suyo fue también el manual del Apple I, además de otros trabajos de documentación y diseño que forman parte de la semilla original de la manzana.
