En Săcele, una ciudad de Transilvania con más de 30.000 habitantes, el consultorio de la doctora Mirela Csabai está cada vez más lleno de padres y niños esperando atención médica. Aunque muchas de las consultas de la mañana son rutinarias —resfriados, revisiones, control de condiciones crónicas—, la profesional advierte que la calma es reciente. En 2024, una epidemia de sarampión azotó esta comunidad y dejó un trágico saldo: un niño pequeño sin vacunar perdió la vida.
“Mientras las tasas de vacunación sigan bajas, es un polvorín”, afirma Csabai. “Una vez que comienza una epidemia, ya es demasiado tarde para vacunar. Hay que actuar ahora”.
Rumania enfrenta la peor crisis de sarampión en la Unión Europea. Desde 2005, el país ha registrado cuatro epidemias de esta enfermedad, cada una separada por apenas unos años de calma frágil. Entre 2023 y 2025, se contabilizaron más de 35.000 casos y al menos 30 fallecimientos, la mayoría de ellos bebés demasiado pequeños para recibir la vacuna, contagiados por niños mayores no vacunados.
En 2024, aproximadamente el 87% de todos los casos de sarampión reportados en la UE correspondieron a Rumania. El siguiente país más afectado, Italia, registró apenas más de 1.000 casos. El sarampión puede provocar complicaciones graves, especialmente en niños y lactantes, quienes pueden desarrollar neumonía y, en algunos casos, encefalitis.
Según las fuentes consultadas, el origen de esta crisis es claro y medible: el colapso en las tasas de vacunación, causado por cuellos de botella en el sistema de salud y el escepticismo de algunos padres.
