La operación estadounidense en Venezuela ha evidenciado la incapacidad de Rusia para proteger a sus aliados, relegándola a un papel de observadora en el escenario mundial.
Este desarrollo sugiere una disminución de la influencia rusa y una limitación en su capacidad de proyectar poder y apoyo a sus socios internacionales, particularmente en situaciones de intervención o conflicto.
La reciente acción en Venezuela pone de manifiesto los límites de la protección que Rusia puede ofrecer, indicando una pérdida de protagonismo en la arena internacional.
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