Investigadores del HPSTAR de Shanghái han descubierto óxihidróxidos de hierro capaces de retener agua en condiciones extremas cerca del núcleo terrestre. Este hallazgo sugiere que el planeta siempre tuvo los elementos necesarios para albergar vida, reduciendo la dependencia exclusiva de los aportes de cometas y asteroides.
El misterio sobre el agua atrapada en las profundidades de la Tierra acaba de dar un giro fundamental. Durante años, los isótopos terrestres han señalado la presencia de agua primordial, aquella que existía cuando el planeta era apenas una enorme bola de magma. Sin embargo, los científicos desconocían los mecanismos físicos exactos que permitían retener este líquido a presiones y temperaturas descomunales cerca del núcleo.
La búsqueda del agua en las capas profundas del manto
El camino hacia este descubrimiento ha avanzado de manera progresiva a través de sucesivos hitos geológicos y geoquímicos. En 2014, un equipo de la Universidad Northwestern detectó indicios de que la zona de transición del manto terrestre albergaba localmente alrededor de un 1% de agua. Poco después, en 2015, el análisis de lavas procedentes de la isla de Baffin reveló rastros inequívocos de agua que jamás había circulado por la superficie.
A finales de 2025, la comunidad científica conoció que el mineral conocido como bridgmanita pudo retener entre 0,08 y 1 veces el volumen de todos los océanos actuales al cristalizar el magma primitivo hace más de 4.000 millones de años. A pesar de estos avances, faltaba por identificar qué tipo de estructuras minerales operaban en las inmediaciones del núcleo, donde las condiciones destruyen los compuestos convencionales.
El papel clave de los óxihidróxidos de hierro descubiertos en Shanghái
Los minerales candidatos anteriores presentaban limitaciones graves de viabilidad en las regiones más profundas. La situación ha cambiado gracias a un equipo internacional encabezado por Hongsheng Yuan, investigador del HPSTAR de Shanghái, que ha descubierto unos óxihidróxidos de hierro capaces de secuestrar hidrógeno en zonas limítrofes con el núcleo.
Estos compuestos poseen una densidad tan elevada que, de existir en el interior terrestre, se habrían precipitado hasta reposar directamente sobre el núcleo. Además, para formarse requieren cantidades muy reducidas de agua, lo que explica su viabilidad en los estadios iniciales del planeta.
Implicaciones para el origen de la habitabilidad terrestre
Aunque en una primera aproximación este hallazgo pueda parecer puramente teórico, sus consecuencias modifican los modelos sobre el origen del agua en el sistema solar. La confirmación de que una parte del agua primigenia permaneció oculta en el manto desde la formación del planeta demuestra que la habitabilidad de la Tierra nunca dependió de forma absoluta del impacto continuado de cometas y asteroides.

El planeta contaba desde sus primeras etapas con los recursos hídricos necesarios en su propio interior, un factor que replantea la cronología y los requisitos físico-químicos que permitieron el desarrollo de la vida.
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