Los ataques rusos con drones Shahed han adquirido una nueva dimensión. En Ucrania, se ha detectado un ejemplar que no solo transportaba explosivos, sino también un sistema de misiles antiaéreos portátil. Se trata del primer caso conocido de un dron equipado con un arma diseñada para derribar aviones y helicópteros. Lo que antes era un objetivo ruidoso y relativamente predecible, se ha convertido en un adversario activo en el aire.
Serhiy Beskrestnov, experto ucraniano en electrónica militar conocido como Flash, fue quien alertó sobre esta modificación. Según sus declaraciones, las unidades ucranianas se han encontrado por primera vez con un Shahed equipado con un MANPADS directamente en el campo de batalla.
“El enemigo continúa buscando formas de destruir nuestra aviación. Hoy nos hemos encontrado por primera vez con un Shahed en el que estaba instalado un sistema de misiles antiaéreos portátil”, declaró Beskrestnov.
Según Beskrestnov, no se trata de un arma autónoma. El Shahed lleva una cámara y un módem de radio, y el lanzamiento del misil lo realiza un operador que controla el dron desde territorio ruso. Esto significa que una persona al otro lado tiene tiempo para evaluar la situación, seleccionar un objetivo y decidir si dispara.
“Pido a los pilotos de la aviación del ejército que tengan en cuenta la aparición de una nueva amenaza. Es necesario evitar acercarse al Shahed en un curso frontal”, advirtió Flash.
Ukrainians have encountered a Shahed drone equipped with MANPADS for the first time.
The Shahed is fitted with a camera and a radio modem.
The drone is operated from the territory of the ruSSian Federation and poses a threat to Ukrainian aviation. pic.twitter.com/1TySNTpxmr— 𝔗𝔥𝔢 𝕯𝔢𝔞𝔡 𝕯𝔦𝔰𝔱𝔯𝔦𝔠𝔱△ 🇬🇪🇺🇦🇺🇲🇬🇷 (@TheDeadDistrict) January 4, 2026
Esta advertencia indica claramente que los procedimientos actuales ya no son válidos.
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Una nueva clase de amenaza
El arma utilizada pertenece a la categoría de MANPADS, es decir, misiles antiaéreos portátiles que un soldado suele llevar al hombro. Sirven para destruir objetivos de baja altitud y utilizan guiado infrarrojo, láser o control manual. Su principal ventaja es su simplicidad y su capacidad para impactar un objetivo en una fracción de segundo, informa Interesting Engineering.
Sin embargo, la instalación de un misil como este no es trivial. Los misiles Igla o Verba pesan aproximadamente entre 10 y 11 kilogramos. Junto con el mecanismo de lanzamiento, esto supone una carga considerable para un dron cuya capacidad de carga ronda los 50 kilogramos. Rusia probablemente sacrificó parte de la carga explosiva o del combustible. Esto sugiere que este Shahed no tiene como función principal la de una bomba voladora, sino que funciona más bien como una herramienta especializada contra helicópteros y aviones a baja altura.
El mayor desafío técnico, sin embargo, es la estabilización. El Shahed utiliza un motor de combustión con hélice que produce fuertes vibraciones. Los misiles MANPADS, por su parte, necesitan captar de forma estable la firma térmica del objetivo antes del lanzamiento. Si Rusia resolvió este problema utilizando estabilización giroscópica o filtrado de software, se trata de un nivel de ingeniería sorprendentemente alto.
Este movimiento también responde a los éxitos de Ucrania en el campo de la guerra con drones. Los drones FPV ucranianos han estado derribando drones Shahed rusos en el aire con cada vez más frecuencia en los últimos meses. Pero si el Shahed lleva una cámara trasera y un misil, deja de ser un objetivo pasivo. Para los operadores de drones FPV, la caza se convierte en un peligroso combate aéreo.
Mejoras sencillas, pero eficaces
Las cámaras traseras no son el único ejemplo de las “mejoras” rusas que, a primera vista, parecen ridículas. En algunos Shahed han aparecido, por ejemplo, cubiertas adicionales de plástico y espuma en los motores y la electrónica. Parecen un aislamiento barato de una tienda de manualidades, pero su función es simple: reducir la firma térmica. Cuando un dron “brilla” menos en el espectro infrarrojo, tiene menos probabilidades de ser detectado por los sensores térmicos de los interceptores o los sistemas antiaéreos portátiles. El efecto no es milagroso, pero en los ataques masivos puede decidir qué pieza vuela unos kilómetros más lejos.

Otra solución peculiar es el cambio en el comportamiento del vuelo. Algunos Shahed han comenzado a volar en ondas irregulares, con cambios repentinos de altitud o breves “paradas” en círculos sobre el área objetivo. Para un observador casual, esto puede parecer caótico, pero para un operador de FPV es un problema. El interceptor debe corregir constantemente el rumbo, pierde energía y aumenta el riesgo de perder la conexión. De esta manera, Rusia está intentando convertir un dron barato en un objetivo que sea más difícil de atacar que antes, cuando el Shahed volaba en línea recta como una regla.
También ha habido casos en los que el Shahed transportaba reflectores pasivos adicionales o módulos de interferencia baratos. No se trata de guerra electrónica sofisticada, sino de un intento de saturar los sensores y las cámaras del oponente con ruido o reflejos falsos. En la práctica, esto significa que el interceptor ve más “puntos” de los que realmente existen. La mayoría de estos trucos no siempre funcionan, pero ese es el punto. Rusia no apuesta por una idea genial, sino por una multitud de pequeñas improvisaciones que tienen como objetivo complicar la vida a los operadores de drones ucranianos por unos segundos. Y en esta guerra, a menudo unos pocos segundos más son suficientes.
El cambio es sutil, pero significativo. El Shahed se está transformando gradualmente de un arma desechable barata a una plataforma adaptable que responde a nuevas amenazas directamente en el campo de batalla. Y es precisamente esta capacidad de adaptación la que a menudo decide más que el tamaño del explosivo.
