En 1995, la dupla creativa detrás de la polémica “Instintos Básicos”, el director Paul Verhoeven y el guionista Joe Eszterhas, presentó “Showgirls”, un drama erótico que narraba la ambiciosa búsqueda de Nomi Malone (Elizabeth Berkley) por convertirse en corista en Las Vegas, un camino que la llevó a un mundo de striptease y excesos.
Producida con un presupuesto de 45 millones de dólares, la película recibió una clasificación NC-17 en Estados Unidos debido a su contenido explícito de desnudez, sexualidad y violencia, lo que, sumado a las críticas negativas, resultó en un fracaso comercial, recaudando apenas 37,8 millones de dólares.
Las críticas fueron implacables. Richard Corliss de la revista Time la describió como “uno de esos bodrios hilarantes y delirantes que podrían ser enseñados en las escuelas de cine como ejemplo de Cómo No Hacer Una Película”.
“Showgirls” acumuló 13 nominaciones a los Premios Razzie en 1995, galardones que reconocen lo peor del cine, y finalmente ganó 7, incluyendo Peor Película, Peor Director y Peor Actriz. En 1999, recibió otro Razzie como Peor Película de la década de los 90.
Aunque Verhoeven y Eszterhas fueron objeto de críticas, la atención se centró especialmente en Elizabeth Berkley, quien había alcanzado la fama como Jesse Spano en la serie “Salvados por la Campana” (1989-1993).
Los críticos la describieron con dureza, llegando a compararla con “una muñeca hinchable con la boca abierta y los ojos vacíos” (The New York Times) o “un trozo de carne clavado en un palo”.
Con solo 21 años, Berkley fue acusada de una actuación exagerada y poco convincente, lo que la marginó de Hollywood. “Recibí un golpe muy duro a nivel personal y profesional. Fue doloroso. Me sentí aislada y abandonada por quienes había trabajado. Durante dos años no pude conseguir audiciones”, confesó la actriz.
Berkley añadió que “hubo muchas cosas que serían impensables hoy en día; nadie podría soportar un ataque así. No entendía la crueldad de la gente, pero soy fuerte. Tuve que separar lo que decían de lo que creía. Creía en mi trabajo y en mí misma, pero esperaba que alguien me defendiera, lo que nunca sucedió”.
Paradójicamente, tras su fracaso en taquilla y las críticas, “Showgirls” se convirtió en un éxito de ventas en formato doméstico, generando 100 millones de dólares.
Con el tiempo, la película fue reevaluada, adquiriendo estatus de culto y siendo defendida como una obra provocadora y adelantada a su época. La actuación de Berkley también comenzó a ser reivindicada, incluso en su momento por figuras como Quentin Tarantino y el crítico Roger Ebert, quien destacó “la fiera energía” de la debutante actriz.
En 2015, Paul Verhoeven reconoció que “sin duda, ‘Showgirls’ arruinó drásticamente la carrera de Elizabeth Berkley. A mí me complicó la vida, pero no tanto como a ella. Hollywood le dio la espalda. Podría haberse recuperado con un papel diferente, pero eso nunca sucedió. Yo le pedí que fuera brusca y actuara de esa manera, pero la gente la ha atacado desde entonces. Si hay que culpar a alguien, soy yo, porque pensé que sería interesante interpretar el personaje así”.
Hoy, Elizabeth Berkley ve ese capítulo de su vida con otra perspectiva, asistiendo a proyecciones especiales de “Showgirls” y hablando con orgullo de su personaje, transformando una experiencia amarga en una historia de resistencia y reivindicación. La película, además, es considerada hoy una obra de culto, tal como predijo la crítica Janet Maslin: “El esfuerzo de hacer la película de estudio más sucia de América ha llevado a Verhoeven y a Ezsterhas a crear un clásico ‘camp’ instantáneo”.



