Un estudio reciente publicado en la revista Sleep sugiere que los patrones de siesta diurna en adultos mayores podrían servir como indicador temprano de deterioro de la salud no aún detectado clínicamente. La investigación, realizada por científicos de la Universidad de Harvard y el Hospital Brigham and Women’s, analizó datos de más de 1.000 participantes mayores de 65 años inscritos en el Estudio de Salud de las Mujeres y el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud.
Los investigadores observaron que aquellos que tomaban siestas diurnas frecuentes o prolongadas —definidas como dormir más de una hora durante el día— tenían un mayor riesgo de desarrollar condiciones como deterioro cognitivo leve, diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares en los años siguientes, incluso después de ajustar por factores como edad, sexo, índice de masa corporal y consumo de medicamentos para dormir.
Según los autores, la siesta diurna excesiva podría reflejar una alteración subyacente en los ritmos circadianos o una carga fisiológica no perceptible, que precede a diagnósticos formales. No obstante, enfatizan que no todas las siestas son preocupantes: las siestas breves (menos de 30 minutos) y esporádicas no mostraron asociación con riesgos aumentados y pueden ser parte de un patrón saludable de descanso, especialmente en personas que duermen mal por la noche.
El estudio no establece causalidad, sino una correlación que justifica mayor atención clínica a los hábitos de sueño diurno en poblaciones mayores. Los investigadores sugieren que los médicos podrían considerar preguntar sobre la frecuencia y duración de las siestas durante las consultas rutinarias como parte de una evaluación integral del bienestar en adultos mayores.
Los hallazgos se basan en datos autoreportados de siestas y seguimiento clínico durante varios años, lo que limita la capacidad de descartar completamente la influencia de otros factores no medidos. Se necesitan estudios adicionales con mediciones objetivas del sueño, como actigrafía o polisomnografía, para confirmar estas asociaciones y explorar los mecanismos biológicos involucrados.
