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Siestas y Derrame Cerebral: ¿Existe Riesgo?

by Editora de Salud

Durante mucho tiempo, la ciencia ha destacado los beneficios de la siesta para la regeneración cerebral, la eliminación de residuos metabólicos y el fortalecimiento de la memoria. Sin embargo, una nueva perspectiva sugiere que las siestas prolongadas o no deseadas podrían no ser tan beneficiosas para la prevención de enfermedades. En resumen, si experimenta somnolencia diurna frecuente y recurre a largas siestas, o se queda dormido sin proponérselo, es importante prestar especial atención a la salud de su corazón, arterias y, sobre todo, de su cerebro. Estadísticamente, las personas que duermen siestas prolongadas durante el día tienen un mayor riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.

Si bien una siesta planificada y breve (de menos de una hora) podría incluso tener un efecto protector, ocurre lo contrario cuando el sueño llega de forma inesperada. En estos casos, se recomienda consultar a un médico para evaluar su riesgo cardiovascular. Un estudio reciente, publicado en Sleep Medicine Reviews y realizado por expertos de la Universidad de Zielona Góra en Polonia, analizó datos de más de 600.000 personas (incluyendo a 16.000 que habían sufrido un accidente cerebrovascular) para investigar la posible asociación entre las siestas diurnas y el riesgo de ictus.

Lo que revela el estudio

Los resultados son claros: cuanto más larga es la siesta, mayor es el riesgo de accidente cerebrovascular. En comparación con quienes no duermen durante el día, las siestas cortas (hasta 30 minutos) se asociaron con un ligero aumento del riesgo, mientras que las siestas de más de 90 minutos mostraron un incremento de casi el 80%. La duración de una hora parece ser un punto de inflexión: superarla aumenta significativamente las posibilidades de sufrir un evento cerebrovascular. Aquellos que tienen el hábito de tomar siestas cortas y programadas no parecen tener perfiles de riesgo particulares e incluso podrían estar protegidos por esta práctica. Sin embargo, las siestas largas e imprevistas se asocian con un riesgo casi tres veces mayor de accidente cerebrovascular en comparación con quienes no duermen durante el día. El estudio también observó un mayor riesgo para todos los tipos de ictus: isquémico, hemorrágico y subaracnoideo, incluso en aquellos que simplemente reportaron una tendencia a dormir la siesta, independientemente de su duración.

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Una posible señal de alerta

Es importante destacar que los autores del estudio señalan que no existe una relación de causa y efecto clara entre las siestas diurnas y el riesgo de accidentes cerebrovasculares, sino que identifican las siestas largas (especialmente si son involuntarias) como posibles indicadores de malestar. No obstante, esta asociación no debe subestimarse, ya que confirma el papel potencial de los trastornos del sueño en el bienestar general. “Sabemos que la necesidad de siestas frecuentes puede revelar un sueño nocturno que no es reparador”, comenta el Dr. Massimo Del Sette, Director de Neurología del Irccs AOM (Azienda Ospedaliera Metropolitana) en Génova. “La investigación demuestra claramente que quienes duermen poco y/o mal por la noche tienen un mayor riesgo de depresión, infarto de miocardio, diabetes tipo 2 y, efectivamente, accidente cerebrovascular”.

La relación entre el sueño y el ictus es un tema fascinante en la investigación sobre la conexión entre los estados hipnóticos y los problemas neurológicos, especialmente los eventos cerebrovasculares agudos. “El sueño nocturno interrumpido debido a la presencia de apnea obstructiva del sueño (lo que los anglosajones llaman OSAS) aumenta el riesgo de ictus en aproximadamente dos veces”, concluye el experto. Por lo tanto, es probable que la presencia de un sueño perturbado esté asociada con la somnolencia diurna y, por ende, con las siestas prolongadas. Sin embargo, es importante tener en cuenta que dormir más tiempo por la noche no necesariamente reduce el riesgo de ictus: este aumenta tanto con un sueño nocturno demasiado corto (menos de 5-6 horas) como con uno excesivamente largo (más de 8-9 horas).

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