Un nuevo estudio basado en el análisis de «terremotos estelares» ha revelado que los campos magnéticos pueden permanecer enterrados en el interior de las estrellas durante gran parte de su vida y resurgir más tarde en la superficie de las enanas blancas, los restos densos que quedan tras el agotamiento del combustible estelar. Este hallazgo, publicado el 17 de abril de 2026, sugiere una conexión directa entre los interiores de las estrellas gigantes rojas y las superficies de sus restos estelares, transformando la comprensión de cómo se generan y mantienen los campos magnéticos a lo largo del tiempo estelar.
Los investigadores utilizaron la asterosismología, una técnica que interpreta las vibraciones internas de las estrellas —conocidas como terremotos estelares o starquakes— para sondar regiones ocultas bajo la superficie visible. En cientos de gigantes rojas de baja luminosidad observadas en una encuesta de 2024, se detectaron señales de campos magnéticos enterrados profundamente en sus núcleos. Estas vibraciones cambian cuando el magnetismo interfiere con las ondas internas, permitiendo a los científicos inferir la presencia y estructura de campos magnéticos lejos de la superficie.
Lukas Einramhof, estudiante de doctorado en astrofísica en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria (ISTA), explicó que, dado que una enana blanca es el núcleo expuesto de una gigante roja que ha perdido sus capas externas, tanto las observaciones en gigantes rojas como las en enanas blancas examinan esencialmente la misma región interna de la estrella en distintas etapas evolutivas. Esto permitió vincular directamente los campos magnéticos detectados en las fases tempranas con los observados posteriormente en las enanas blancas.
El estudio encontró que la persistencia del magnetismo solo es posible cuando el campo se extiende por una región amplia del interior estelar, más allá de un pequeño núcleo central. Esta condición limita los posibles orígenes del magnetismo estelar y apoya la teoría del «campo fósil», según la cual el campo magnético observado en las enanas blancas no se genera al final de la vida de la estrella, sino que es una remanencia preservada desde etapas mucho anteriores, posiblemente desde la formación estelar.
Según los resultados, las encuestas cercanas mostraron que las enanas blancas rara vez exhiben magnetismo en sus primeras etapas, pero lo hacen con mayor frecuencia tras uno a tres mil millones de años. Este retraso coincide mejor con la idea de un campo fósil preservado que con un campo generado únicamente al final de la vida estelar. Aunque el modelo no descarta otras explicaciones, brinda un respaldo más fuerte a la hipótesis de que el magnetismo puede sobrevivir prácticamente toda la vida de una estrella.
Estos descubrimientos, respaldados por evidencia teórica obtenida de las starquakes, posicionan los campos magnéticos fosilizados como un elemento clave para entender la evolución magnética de las estrellas y su influencia en procesos posteriores, como la formación de campos detectables en restos estelares.
